Un lugar de sueños, partes de mi se quedaron allí, solté las hojas que iban muriendo y sin darme cuenta también te soltaba a ti. Sola sentí una terrible paz, pero veía que me estremecía una fría brisa de septiembre que se repite cada año, sin dejar de lastimar.
Sigo en un letargo silencioso, sé que en mi interior habita algo de lo que el brocal de la muerte se llevó, a solas siento una primavera eterna que decora la esencia gentil, pero por momentos dejo caer las hojas porque se van secando como aquellos amores que no llegaron a surgir, aquellos que encerraron en una caja musical una eternidad triste de la enamorada en tornasol.
Despierto asustada, afuera hay una tormenta, pienso que está llegando el momento de marchitar hasta de las lentejuelas doradas que no salieron al bar. Me quedé dormida mientras quedaba sin hojas, sin flores, moría y de repente vino a mi mente, una vez más, aquel ángel gentil que secaba mi sangre cuando sobre el pasto lloraba la escena más triste para mí.
En el momento que giraba hacia el fin, descubrí que mis manos oraban. Descubrí que podía poner al revés a mi destino, cambiar por cielo al abismo, por esperanzas la espera que ahora nos detiene, todavía quedará tiempo de volar hacia un nuevo rumbo, o de esperar al viejero que vuelva.
Mientras esos pensamientos efímeros se mezclan, esas hojas vuelan, las despido porque sé que llevan mensajes especiales, son el naufragio de mi esencia, la despedida que en tu amor encontró la forma de remisión para justificar la vida, es la vida que golpea pero que a la vez nos hace renacer en las nuevas hojas, en cada día que llega y hasta el profundo amor que a veces consuela aunque sabe que hay hojas muriendo en mi cada día.
"Y sin más, el verano cayó en el otoño."
Oscar Wilde.
Imágenes propias. Fotografías tomadas con un móvil Blu Vivo One Plus. Cámara f / 2.0 1/100 3.79mm ISO 200. Editadas para los mensajes usando la aplicación de diseños Canva.