Güzelay contempló con desgano el paisaje que se presentaba ante sus ojos. El planeta Plutón se alza glorioso, como un planeta helado y desierto. Un planeta hermoso en sí mismo, pero tan vacío como su alma.
Ansiaba marcharse de ahí, de ese palacio tan frío como el hielo donde la muerte estaba a la orden del día. Desde que la tercera princesa consorte imperial anunció su embarazo, la lucha por el poder entre los veinte hijos del Gran Emperador de Saturno y Júpiter se intensificó. Del lamebotismo y esfuerzos por impresionar a su padre pasaron a los asesinatos selectivos, las alianzas engañosas y la compra de lealtades.
La muerte tenía especial predilección por las princesas consortes y por los hijos no nacidos de éstas. Muertes tan horrorosas que le daban la justa razón de marcharse de ahí. Por desgracia, había un problema: tendría que buscar a un piloto que pudiera maniobrar la nave. Así mismo, debería pensar muy bien qué excusa decir con respecto a su desaparición, pues si regresaba a la Tierra y dijera que había sido secuestrada por humanoides de Saturno, nadie le creería. O quizás un ejército recibiría la nave con balas de cañón.
¿Qué otra opción tendría una joven terrícola si no permanecer en aquél ambiente de muerte y desolación, con un tipo tiránico por marido y una sociedad que veía mal el divorcio pero aprobaba los asesinatos entre familias?
Un golpe tenue interrumpió sus pensamientos. Era Agar, su doncella. En sus manos traía una bandeja con una taza de té caliente y unas galletas.
Asentando la bandeja en la mesita que estaba en el centro de los aposentos, la doncella le dijo: "Tengo noticias desagradables. La segunda princesa consorte imperial apareció muerta en el jardín".
"Dios..."
"Preferiría que no vayas a su entierro, pero sería contraproducente para ti".
"¿En este jodido palacio qué cosa no es contraproducente?"
"Fingir una muerte".
Güzelay le miró estupefacta. Agar añadió: "Siendo honestas, y pensando en lo que me dijiste, no veo otra forma de sobrevivir. Has visto lo que sucede con las princesas embarazadas y sus doncellas cuando se da esta lucha por el poder. Es complicado, pues se requeriría de tener todo listo para emprender la huida..."
"¿A dónde iremos? No creo que los habitantes de los planetas vecinos quieran recibir a dos mujeres sin que todo un ejército te rastree".
"No lo harán".
Dicho eso, la doncella se quitó el voluminoso vestido que llevaba puesto, dejando al descubierto un libro amarrado a su estómago. Güzelay, estupefacta, le preguntó qué libro era ese. "Es nuestro boleto de salida"; se limitó a responder Agar con una sonrisa.
Fuente de la imagen: Pexels
