Hace unos días nos llegó la alegre noticia, de que habrá un nuevo miembro en la familia.
Entre sorpresa y alegría mis hijos comentaban el acontecimiento
¿Será niña o niño?
Un nuevo primi (Sí… leyeron bien… primi) decía mi hija evidentemente emocionada, yo los miraba y pensaba que parecía ayer cuando mi vida cambió con la llegada de ellos.
Ni las náuseas matutinas, los cambios de humor y las diez revistas que solemos comprar sobre la maternidad, nos prepararan para los cambios tan grandes que experimentaremos emocionalmente.
Las interminables y dolorosas contracciones, el dolor del parto o la sensación de quemadura que se siente luego de una cesárea, se borra en un instante al ver por primera vez a nuestro bebe, ya no hay nada que hacer, quedamos hechizadas y rendidas ante sus encantos y te preguntas como podías haber vivido antes sin él, es allí donde se abre para nunca más cerrarse esa herida emocional que siempre será vulnerable, con el paso del tiempo las heridas físicas se desvanecerán pero nunca la emocional.
A partir de ese instante ya las palabras: miedo, dolor, hambre, frío, cansancio, amor o compañía tomarán nuevos significados aquellas mujeres que solían ser fuertes se vuelven dóciles y las que eran frágiles se llenan de fuerzas para enfrentar a todos por este ser, ya el llanto de un niño no nos será indiferente, comenzaremos a postergar nuestros sueños para iniciar la construcción de los de ellos.
Entre ensayos y errores vamos creciendo juntos, estudiamos de nuevo, nos graduarnos, asimilamos el significado de la palabra paciencia, aprendemos a dormir una hora, a dejar de un lado un dolor de cabeza propio, para pasar un noche en vela con una fiebre que no baja o una tos que no se calma, vivimos los primeros amores y desamores, el paso de niña a mujer, las peleas interminables entre hermanos y hasta aceptamos la cruel realidad de que ya no son unos niños, nuestros niños tienen vidas propias.
Nunca imaginamos que esos nueve meses nos cambiaran tanto la vida y si pensábamos que luego de que crezcan nuestra vida volvería a la normalidad, nunca estuvimos tan equivocadas, porque para nosotras ellos nunca crecen y nos preocupan con novio o sin él, con estudios universitarios, con trabajos exitosos, con hijos propios y hasta con canas, así no los veamos a menudo ni con la frecuencia que nos gustaría, ellos siguen siendo un "Te Quiero Mama" (medio dormidos), "Nena llego tarde duérmete tranquila" (como si eso fuera posible cuando sentimos que han llegado damos las gracias a Dios por que regresaron sanos y salvos, solo cuando ellos regresan es que podemos dormir), "Bendición Viejita nos vemos en la tarde" (es aquí cuando se lo encomiendas a cuanto santo conoces para que lo proteja) sin ninguna duda ellos siempre serán nuestros 9 meses, para toda la vida.