Mateo 5:4 “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.”
A veces se hace difícil comprender el lenguaje espiritual. Por lo menos el domingo después de enseñar sobre la bienaventuranza de los pobres de espíritu. Me decía un hermano que él pensaba que el término pobre en espíritu no era el adecuado para el cristiano y creía que debiera ser rico en espíritu y no pobre en espíritu, en dicha conversación concluimos que la verdadera riqueza espiritual surge de la pobreza espíritu; es decir, que los pobres en espíritu son los verdaderos ricos espirituales.
Lo que pasa es que el lenguaje espiritual es muy distante al lenguaje humano. Observe este lenguaje en 2ª Corintios 8:9 Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” “Ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que aunque era rico, por causa de ustedes se hizo pobre, para que mediante su pobreza ustedes llegaran a ser ricos”. (NVI)
Pudiéramos preguntar: ¿Cómo puede un pobre hacer rico a otro?
Observe el lenguaje del Señor Jesucristo sobre la grandeza: Mateo 20:25-28 Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. 26Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 27y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; 28como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
El mundo define la grandeza en términos de poder, posesiones, prestigio y posición. En nuestra cultura con la mentalidad de primero yo, comportarse como un siervo no es un concepto agradable; sin embargo, Jesús midió la grandeza en términos de servicio y no de estatus.
Dios determina la grandeza por el número de personas a las que servimos, no por las que están a nuestro servicio. Esto es contrario al concepto de grandeza mundano. A veces a nosotros nos cuesta entender y menos practicar.
Es importante establecer que las bienaventuranzas nos presentan un marcado contraste entre el lenguaje según Dios y el lenguaje según el mundo. Asimismo, el otro aspecto a considerar en el estudio de las bienaventuranzas es que estas nos presentan las diferencias entre un cristiano y un incrédulo. Es decir, las bienaventuranzas son una descripción del carácter cristiano que inevitablemente contrasta con el carácter del mundo.
Para muchos el llorar es símbolo de debilidad pero como ya hemos dicho nuestro señor va en contra de lo que el mundo dice.
Cada una de las Bienaventuranzas están conectadas unas con otras, las Bienaventuranzas muestran el carácter del verdadero creyente.
Ahora bien, para entender esta segunda bienaventuranza debemos comenzar describiendo quienes no son bienaventurados a pesar que lloran.
-Los incrédulos que sufren cuando pierden o fracasan.
Los hombres del mundo que lamentan sus desgracias.
Cuando se llora de rabia o ira.
Los que lloran por motivos impuros. Pero también uno puede llorar por UN SUFRIMIENTO INCORRECTO.
Por ejemplo cuando un ladrón es capturado, el llora pero no porque este arrepentido, el llora porque fue capturado.
Una persona puede llorar por frustración al no satisfacer su codicia por ejemplo vemos a Acab.
1 Reyes 21:4 Y vino Acab a su casa triste y enojado, por la palabra que Nabot de Jezreel le había respondido, diciendo: No te daré la heredad de mis padres. Y se acostó en su cama, y volvió su rostro, y no comió.
Esto fue algo absurdo del rey, pero cuantos no han llorado porque no han conseguido lo que han querido.
Como el caso de Amnón
2Sa 13:1 Aconteció después de esto, que teniendo Absalón hijo de David tenía una hermana hermosa que se llamaba Tamar, se enamoró de ella Amnón hijo de David.
2Sa 13:2 Y estaba Amnón angustiado hasta enfermarse por Tamar su hermana, pues por ser ella virgen, le parecía a Amnón que sería difícil hacerle cosa alguna.
Al igual que Amnón muchos y aun cristianos lloran por algo que sabe que no es la voluntad de Dios y puede llorar.
EL SUFRIMIENTO NATURAL DE LA VIDA. Este sufrimiento lo expresamos cuando muere un ser amado por ejemplo, cuando somos decepcionados a lo largo de nuestra vida. Abraham lloró cuando su mujer murió, nuestro Señor lloro cuando murió Lázaro pues lo amaba, lloró cuando vio a Jerusalén por su incredulidad, podemos llorar por razones naturales y aun por nuestra devoción.
Precisamente esta bienaventuranza, es la respuesta emocional de quien ha alcanzado un corazón resignado para encontrarse con Dios y recibir su misericordia, en este sentido, los que lloran son recocidos como pobres en espíritu, y por ello experimentan un dolor que hace posible tal bienaventuranza.
Pablo escribe en 2 Corintios 7:10, “Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.”
Ese dolor viene dado, porque ante los ojos de Dios todos somos pecadores, y justamente el arrepentimiento significa que se admite el pecado cometido y hay un arrepentimiento por ello, por esta razón son bienaventurados los que lloran, porque se sensibilizan por su propia situación.
Entonces cuando se libera el pecado se experimenta una sensación de gozo, es quitarse un peso moral de encima, y como gratificación se recibe la consolación, que es la bendición de Dios. Este es el beneficio del que habla Jesucristo en cuanto a bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados por Dios. La pecadora de la ciudad. (Lucas 7:37-38)
Salmos 32:1 “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. 2Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño”
Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados. 2 Dichoso aquel a quien el SEÑOR no toma en cuenta su maldad y en cuyo espíritu no hay engaño. (NVI)
La tristeza del mundo es egoísta, orgullosa, sin fruto y te aleja de Dios, por eso “produce muerte”. Pero la tristeza según Dios, es provocada por el Espíritu Santo, nos humilla, nos acerca a Él, nos lleva al arrepentimiento y por eso produce salvación y vida eterna.
David
Salmos 51
Este contraste lo podemos notar en Judas y Pedro quienes tuvieron reacciones diferentes cuando le fallaron al Señor. Judas solo sintió remordimiento por haber entregado a Jesús (Mateo 27:3), pero Pedro lamentó y se arrepintió de haberle fallado a su Señor (Mateo 26:75). Hay una gran diferencia entre llorar y lamentar un mal que nos sucede y llorar y lamentar por el propio pecado.
Cuando hay lamento y tristeza por el pecado, entonces viene el arrepentimiento, y cuando viene el arrepentimiento, llega el perdón y con este el gozo, el descanso y el consuelo. El llorar de las bienaventuranzas se trata de un llanto santo y un lamento que es agradable a Dios.
Bienaventurados los que lloran dice nuestro Señor, dichosos los tristes, suena algo no lógico pero hay que recordar que nuestro Salvador nos está dando el código de conducta de los herederos de su reino.
Está comprobado que las personas que menos lloran son las que tienen más estrés y que por consiguiente son las más propensas a enfermedades tanto físicas como psiquiátricas dicen algunos médicos.
El llorar es como una válvula que Dios puso en las personas para poder bajar la presión interna que llevamos y así poder expresar el dolor que llevamos dentro.
Medicamente cuando estamos tristes y lo expresamos con llanto, automáticamente el cuerpo libera sustancias que hacen el papel de un calmante natural, el cual ayuda a que el dolor no sea tan fuerte como parece. De esta manera, el llanto hace que se liberen dos clases de hormonas llamadas opiáceos y oxitocina, las cuales tienen la capacidad de hacer que el dolor no sea tan fuerte.
En este caso funcionan como anestesias naturales, que nos brindan tranquilidad.
Es importante decir que nuestro Dios no está enojado contra los que ríen, (risa no de burla, sino de alegría y gozo) porque Dios ve que por que yo me río. Cuál es la causa de la risa. Silencio y risa. La risa nos ayuda en los problemas, pero el silencio los evita.
Si nos reímos de las desgracias ajenas claro que eso no es digno delante de Dios pero la risa en si no es pecaminosa!
Llorar en esta bienaventuranza Es un dolor ESPIRITUAL pues el mismo contexto nos lo dice... Bienaventurados los pobres en espíritu.
Salmo 126:5-6
"Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas”.
Salmos 56:8
Mis huidas tú has contado; Pon mis lágrimas en tu redoma; ¿No están ellas en tu libro?
Los líderes lloran muchas veces por los que están a su cuidado.
La palabra que se traduce llorar en la segunda bienaventuranza indica un pesar que comienza en el corazón, toma posesión de toda la persona, y se manifiesta exteriormente.
En algunas culturas antiguas, especialmente en la hebrea se utiliza el lagrimario "vaso de lágrimas". Es un pequeño recipiente de cristal con un cuello muy largo y estrecho, que se ensancha un poco en la parte superior. Esos vasos contenían las lágrimas derramadas por los seres queridos y se depositaban en el sepulcro como el mejor testimonio simbólico de un amor auténtico.
David en este salmo 56 comenta a Dios muchas congojas y dolor:
Ten misericordia de mí, oh Dios, porque me devoraría el hombre; Me oprime combatiéndome cada día. Todo el día mis enemigos me pisotean; Porque muchos son los que pelean contra mí con soberbia. En el día que temo, Yo en ti confío.
En Dios alabaré su palabra; En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre? Todos los días ellos pervierten mi causa; Contra mí son todos sus pensamientos para mal. Se reúnen, se esconden, Miran atentamente mis pasos, Como quienes acechan a mi alma. Pésalos según su iniquidad, oh Dios, Y derriba en tu furor a los pueblos. Mis huidas tú has contado; Pon mis lágrimas en tu redoma; ¿No están ellas en tu libro?