La dignidad es el sentimiento de valoración personal que nos acompaña desde que nacemos hasta que morimos. Todos tenemos dignidad, es un derecho adquirido ontológicamente.
Cuando nos reconocemos, valiosos, merecedores, con virtudes propias para ser ejemplos dentro de un grupo, somos dignos. Ya por el hecho de ser personas con cada una de las particularidades y condiciones que tengamos, estamos provistos de dignidad; lo que implica que tenemos un beneficio adquirido: el respeto.
Nadie posee la facultad de enjuiciar a otro y catalogarlo de una manera o de otra, no somos jueces para dictaminar si alguien está o no provisto de dignidad, así como tampoco podemos decidir quién es más ser humano que otro. Sin embargo, es el propio individuo quien sí puede sentirse con poca valía o poco merecimiento para permitir situaciones que van en contra de sí mismo como personas.
Cada quien según su mapa de valores establece sus condiciones de vida y la de su familia, donde el decoro y las buenas costumbres se vuelven un baluarte, entonces, ¿podríamos decir que es posible desarrollar la dignidad? ¿Cómo hacen las personas para entender cuándo merecen o no un trato digno? ¿Pueden darse cuenta cuando están siendo humilladas? ¿el ser humano puede acostumbrarse a esos tratos?
Cuando las acciones indignas de una sociedad surgen como el único remedio a problemas coyunturales y resuelven necesidades personales, muchos son los que se acostumbran y olvidan que hay caminos menos escabrosos.
La ceguera puede generalizarse y hacer legítimas algunas formas de vida inusuales y hasta insólitas. Que la gente se acostumbre a lograr sus demandas con gritos y groserías, a empujar para tener beneficios, a que le quede un excedente producto de corrupción, a que los otros le rindan adulación para recibir el servicio que están obligados a dar, a exigir comportamientos reprochables para dar algún tipo de recompensa, son una muestra escasa de las muchas conductas que muestran una vida indigna.
No es la alegría fortuita por una ración de azúcar o una bombona de gas lo que va a darle significado a una vida, sino poder ejercer el derecho individual de considerar qué es valedero o no, en el amplio abanico de posibilidades que ofrece la diversidad: gracias al conocimiento, el gusto, el anhelo personal, la libertad, y el sistema de valores de cada quien.