Al mirar por mi ventana inefables sentimientos me recuerdan la Venezuela próspera que una vez fue, donde mis padres aunque siendo de la clase trabajadora podían obsequiarnos bonitos regalos en ocasiones especiales, pero que hoy día se nos hace muy costoso poder hacerlo con nuestros hijos porque hasta teniendo el dinero no consigues que comprar. En estos tiempos vivimos estresados pensando como hacer rendir nuestro salario para poder llevar comida a la mesa y son pocos o casi nulos los paseos que podemos hacer en familia porque no tenemos el dinero para pagarlos.
Me da tristeza que mi única hija sólo desea graduarse para irse a otro país, porque no visualiza un futuro para ella y para todos los jóvenes que desean una buena calidad de vida. Nos estamos quedando solos.
En nuestro conjunto residencial se han ido a buscar suerte en otro país más de veinte familias, excelentes profesionales con muchos conocimientos que aportar y que ya no están con nosotros. ¿Será que también debo partir?, se me hace difícil el pensar en dejar mi casa que tanto me costó conseguir y que cuido con celo, pero lo más importante como padres es el brindar a nuestros hijos oportunidades de desarrollo y si no están aquí entonces debemos pensar en irnos o luchar por una Venezuela mejor, es tu decisión.
Venezuela llora lágrimas de esperanza que caen en esta mi tierra fértil y todos al caminar sus senderos podemos sentir el petricor que nos transporta al futuro próspero que merecemos y deseamos, yo decido luchar y dar lo mejor de mí para aportar mi granito de arena para hacer de este un mejor lugar para vivir.