Las palabras son el lenguaje con el que programamos nuestra realidad. Algunas las usamos de manera consciente, pero una gran cantidad de ellas salen de nuestro inconsciente y no nos paramos a entender el efecto que causan en nuestra realidad individual y colectiva.
Para que exista comunicación entre nuestro mundo interior y nuestro mundo exterior hace falta un lenguaje. Pero más allá del lenguaje, es nuestra forma de expresarnos la que determina cómo será la conexión entre esos dos mundos. No es lo mismo decir, "no quiero ser pobre", que decir "quiero ser rico."
Desde que nacemos estamos programados por nuestra familia, educación y cultura para usar de una determinada manera el lenguaje que aprendemos (siempre suelo usar la palabra "programación" para referirme al proceso de grabación de un pensamiento / sensación / emoción en nuestro cerebro).
Todo puede grabarse en una secuencia de conexiones neuronales, de forma que un solo pensamiento es un circuito sináptico entre neuronas desde una parte de nuestro cerebro a otra. Del mismo modo, una creencia es un conjunto de pensamientos parecidos que poseen mucha más fuerza que un pensamiento solo, la creencia ya está arraigada y bien programada desde hace mucho tiempo.
Las palabras derivan del pensamiento, y nuestro pensamiento viene determinado por muchos factores tales como nuestros genes, la cultura, etc... De forma que según todos esos factores, así será nuestra forma de expresarnos. Pero esto no se queda aquí...
Es pura cuántica!! Cada uno de nosotros somos un observador cuántico, de forma que todos y cada uno tenemos una programación mental diferente determinada por cada una de las experiencias que hemos vivido. Venimos con unas creencias ya instaladas, y en nuestra vida solo experimentaremos aquellas situaciones que se vean reforzadas por ellas. Solo porque nuestro cerebro detecta que esas situaciones son parecidas a las que nos dan esas creencias más arraigadas, es menos posible que podamos detectar otras situaciones para las que nuestras creencias no están preparadas (o seremos menos sensibles a ellas)
Pero lo que es todavía más increíble es que al final de todo, seguimos siendo nosotros los observadores, por lo que solo con nuestra intención podemos dejar de creer todo aquello que modifica nuestra forma de percibir y por lo tanto limita nuestras experiencias vitales y empezar a experimentar todas aquellas situaciones que están ahí para nosotros.
Podemos encontrar una gran cantidad de libros y vídeos sobre cómo cambiar nuestras creencias más profundas, por ejemplo algunas de las creencias limitantes sobre el dinero, sobre el éxito, sobre nuestras capacidades, etc...
Tanto la enfermedad, como una mala situación económica, o las malas relaciones entre personas, son producto de nuestras creencias y nuestra forma de percibir la realidad. En la medida en que estés dispuesto a cambiar de creencias estarás dispuesto a conocerte a ti mismo y a cambiar tu forma de entender el mundo.
Los frutos que nos ofrecen las técnicas de meditación y mindfullnes no es otro que la capacidad de enfocar nuestra atención en el presente, accediendo a nuestro SER y dejando a nuestra mente a un lado. Esa mente que viaja al pasado para comparar y al futuro para proyectar y crear prejuicios y malas comparaciones de todo ello. Si aquietamos nuestra mente, accedemos a nuestro YO superior que vive el presente. Así podemos aprender a detectar nuestras propias creencias limitantes y cambiarlas por otras más amplias y abiertas al mundo que nos rodea.