En la vida diaria podemos encontrarnos con personas que posee una inteligencia bastante elevada según los estándares convencionales de coeficiente intelectual, pero si bien es cierto, poseer estas capacidades no es garantía de ser una persona exitosa o llena de oportunidades en los diferentes ámbitos de nuestras vidas. Es indiscutible decir que tener estos niveles de inteligencia no nos sirven de nada, pero existen otros factores que suelen ser doblemente más efectivo y que pueden servirte para sacar mejor provecho a tu intelecto y a las oportunidades.
Uno de los resultados que vemos con frecuencia, es que las personas con grandes conocimientos se dan cuenta que las cosas no están como realmente ellos querían o como ellos esperaban, en cuanto al empleo que pudieron a ver querido, el ingreso que querían, la pareja que querían y otras series de circunstancias que a la final te llevan a preguntarte: ¿De qué me sirve ser tan inteligente, sino he logrado hasta los momentos lo que yo quería?, y es en ese momento, donde te das cuenta que todo este tiempo pudimos haber estado equivocados en dejar todo en manos de un tipo de inteligencia como lo es la intelectual.
Es de esta manera que debemos de tomar en consideración un aspecto que la mayoría de los seres humanos desconocemos y aun no dominamos del todo, como lo es la capacidad de nuestra inteligencia emocional, que está enmarcada con la forma de interactuar con nuestro mundo, tomando en cuenta los sentimientos tanto propios como la de los demás, integrando las habilidades del control de nuestros impulsos, la auto-consciencia, la motivación, la empatía, la resiliencia y nuestras habilidades mentales.
Esto quiere decir, que está asociado a la capacidad que poseemos cada uno de reconocer las emociones y gestionarla adecuadamente para no dejarnos llevar por los impulsos del momento y aprovechar las oportunidades que se nos presente en la vida. Dicha inteligencia se erige como el verdadero diferencial a la hora de establecer un ámbito competitivo y productivo determinando los resultados de nuestros objetivos.
Y sino crees lo que te digo pregúntate:
¿Cómo fue que manejaste la última situación cuando estuviste muy molesto? ¿fuiste inteligente o te dejaste llevar por tu rabia?
Aunque dominabas el conocimiento teórico ¿porque no lograste adquirir ese empleo que tanto deseabas?
Cuándo te gusto ese chico o chica ¿porque no supisteis como expresar eso que tanto querías decirle?
A partir de estas interrogantes tenemos que saber que nuestra mente no solo está basada en el intelecto que poseemos, sino que también existen factores que lo afectan encontrándose dentro de ellas las emociones y sentimientos, que en ocasiones son los grandes responsables de los margenes de errores que podemos alcanzar por no saber llevar ciertas situaciones interpersonales y que han ido más allá del intelecto para enfocarse en nuestra parte emocional.
Es de esta manera, que al unir estas dos inteligencias podemos encontrarnos como personas tanto pensante intelectualmente para encontrar respuestas, como emocionales para manejar situaciones sentimentales de manera favorables y ganadoras.
Recuerda:
¨Una persona no se denomina inteligente por el grado de conocimiento que posea, sino por la capacidad que tiene de resolver las diferentes problemáticas y circunstancias que se le puede presentar en la vida¨
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