Ser niño es maravilloso. Muchos adultos quisieran regresar a esa época donde sus problemas eran mas llevaderos, donde las molestias no generaban orgullo; donde no temías imaginar.
Pero.. ¿Cómo dejamos la imaginación atrás de la ambulancia?
Ocurre algo interesante en todo esto: el ser humano en su historia ha confundido el término Madurez y el adulto, especialmente, lo relaciona con "Abandonar tus sueños". Se le llama madurez al estado de una cosa que ha alcanzado su pleno desarrollo. Madurez no significa dejar de lado tus aspiraciones, por muy irrelevantes que sean.
El niño que ayer soñaba con ser artista, se frustró porque sus padres un día le dijeron que no desperdiciara su tiempo en dibujitos. Hoy esta impaciente en su oficina esperando la hora de salida.
El adulto que, en su infancia, desechó su deseo de ser músico porque otro adulto le dijo: "Eso no da dinero, haz algo mas productivo" hoy esta insatisfecho por haber elegido una carrera que no le apasiona.
Como Psicopedagoga, me he sentido alarmada cuando pre-adolescentes de la Escuela donde trabajo me comentan lo que quisieran ser y lo que sus padres le han dicho que serán. Evaluando la situación, si, el factor económico es muy importante y ellos solo quieren asegurar un futuro próspero para sus hijos; pero la gran verdad detrás de todo esto es que están asegurando un futuro vacío a cambio de un empleo bien remunerado.
No necesariamente porque en tu niñez querías ser cantante debas serlo ahora, quizás esa no era tu vocación y te diste cuenta de ello al crecer; pero nunca permitas que un adulto frustrado te haga cambiar de parecer. Cambia tus planes, tuércelos y estíralos, pero solo porque tu decidiste que así sea.
Y lo mas importante, no seas el destructor de los sueños de otro.
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No son los preadolescentes de los que hablaba, pero reflexionemos un poco ¿Nos gustaría verlos frustrados a ellos cuando sean adultos, solo por haberlos forzados a abandonar sus sueños?