Imagen generada mediante por Gemini bajo mi dirección creativa.
En el anime Fuguushoku "Kanteishi", el señor feudal Nigun hace un trato oscuro: sacrifica la vida de una mujer o niña una vez al mes a una hidra para "proteger" al pueblo del ataque de otros monstruos. La idea era simple: si debías sacrificar una vida a cambio de proteger cien vidas, era aceptable el sacrificio.
No obstante, Ein, el protagonista, tratando de proteger a todos, mata a la hidra y a los monstruos que atacaban el pueblo. Viendo su esfuerzo, uno de los aldeanos le dijo a Nigun que estas tierras que él quería proteger también los incluían a ellos; que no necesitaban a ningún señor que esté dispuesto a sacrificarlos, sino que necesitaban a alguien que luche con ellos como lo hacía su padre.
Hago referencia a este anime porque, cuando se habla de la guerra y de sacrificar soldados por la patria, aquellos que ordenan el sacrificio de otros no sacrifican nada. No son los que pierden sus casas y lugares de trabajo en los bombardeos, no son los mueren en las trincheras, no son los que lidian con la discapacidad, no son los que quedan traumatizados, ni son sus familias las que tienen que lidiar con la pérdida de un hijo.
Por lo que, respondiendo a la pregunta del concurso: si la guerra se democratizara mediante un referéndum, nadie sensato elegiría realmente verse atrapado en ese infierno. Pero el problema que siempre hace posible que haya una guerra, es que elegimos líderes nefastos que nos sacrifican en nombre de una ideología o un territorio que no nos incluye como personas.