Mi padre tuvo una camioneta Chevrolet C30 del año 67; fue el vehiculo de la familia por muchos años. Se me hacia muy interesante cada vez que presentaba alguna falla mecánica y él mismo intentaba repararla; mi hermano José y yo solíamos ayudarlo pasándole las llaves cuando él estaba debajo del carro, éramos unos niños. La camioneta era de color verde muy similar a la que les muestro acá.
No me dediqué a la mecánica automotriz, pero después de haber adquirido un vehículo propio y luego de varios altercados con mecánicos deshonestos, me vi en la necesidad de aprender un poco más de mecánica. Con el manual de taller del fabricante en la mano empecé a hacer reparaciones menores; y me di cuenta que era muy sencillo e interesante. Y seguí avanzando haciendo reparaciones un poco más delicadas.
Hace algunos años reconstruí el motor de mi camioneta, ya había sido reparado en un taller, pero por un mal trabajo, el motor no duró tres años. Luego de esa última reparación han transcurrido cinco años y no ha sido necesaria ninguna otra. Me convencí de que los mecánicos de oficio se preocupan más por ganar dinero y cobrar rápido que por garantizar un trabajo, y de que las cosas quedan mejor si las hace uno mismo poniéndole corazón, mientras se disponga del tiempo. Comparto algunas fotografías.