Feliz y próspero día amigos, mi meta jamás ha sido alcanzar un estado de iluminación, es más, no me interesaba en absoluto por las cuestiones espirituales, ni por cualquier cosa que tuviera que ver con el hecho de estar en contacto con el alma, incluso pensaba que las personas que estaban en contacto con su lado espiritual, meditaban u oraban, eran personas sumamente aburridas con vidas insípidas. O peor aún las prejuzgaba pues en mi mente pensaba que deberían tener vidas ejemplares.
[Fuente]
Imaginen que para tener una vida espiritual tengas en mente que tu vida debe ser ejemplar o perfecta: Tener de la noche a la mañana que seguir un horario, meditar, orar, ser amable y respetuosa en todo momento, no tener resentimientos, deseos negativos hacia los demás, etc. Es toda una carga, con semejante compromiso no muchas personas se arriesgarían a transitar este camino, por lo menos yo no.
Sin embargo llegó un momento en mi vida en el que necesitaba de esa parte espiritual, y comencé a hacer las paces con la idea, pero poco a poco, leyendo un poco acerca del tema encontré la frase:
“Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad… lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino”
De Carl Jung
Al leer esta frase me sentí aliviada, no debo ver la espiritualidad con la perspectiva de tener una vida ejemplar, si no de empezar a estar en paz con mis demonios, pues bueno, este camino aunque suene extraño, es más sencillo de transitar para mí.
Pensé que ya que he estado en contacto con mi lado oscuro por mucho tiempo, debería conocerlos muy bien, pero tampoco fue tan sencillo, a pesar de estar ahí día tras día, son muy difíciles de identificar y sacar a la luz, por ejemplo puede que no alcancemos a ver que nos cae mal el conductor de un autobús y lo justifiquemos diciendo que es porque no maneja bien, cuando en realidad le tenemos envidia porque tiene facilidad para hablar con el público y no nos damos cuenta de esto hasta que nos analicemos con profundidad, al darnos cuenta de nuestra envidia y aceptarla, muy probablemente el chofer nos comenzará a caer bien.
Cuando ocultamos estos sentimientos o no queremos reconocerlos, estos comienzan a manifestarse constantemente en nuestra vida. Viendo el mismo ejemplo anterior, ya no solo nos cae mal el chofer del autobús, también nos comienza a caer mal otras personas por la misma razón, aunque nosotros les demos nombres diferentes, hasta no darnos cuenta de que lo que sentimos se llama envidia, seguiremos siendo personas envidiosas, peor aún, buscaremos inconscientemente rodearnos de personas a las cuales envidiar, parecerá que todas las personas a nuestro alrededor son incompetentes y parecerá que somos unos malhumorados y resentidos sociales.
Por su puesto que no solo hay que aceptar nuestras imperfecciones de una manera sana, sin flagelarnos por tener defectos, la otra parte de esta conexión espiritual es ver nuestras virtudes sin exagerarlas, muchas veces solemos tener distorsiones en este aspecto, solemos ver nuestros defectos muy pequeños y llegamos a engrandecer nuestras virtudes.
Con mucha paciencia y siendo minucioso llegamos a ser conscientes de lo que realmente somos y abrazamos todos los aspectos de nuestra persona, nos conocemos y nos aceptamos tal cual somos. Simplemente lo veo como estar en paz con todos los aspectos de nuestra personalidad.
Hoy no pienso en llegar a la iluminación, simplemente pienso en seguir conociéndome, para estar en paz conmigo y mi conciencia, siento que esta ha sido la manera en la que he conseguido un poco de espiritualidad.