Capté el olor a pescado y me di cuenta de que había logrado encontrar su abrigo.
Así que imagínate mi sorpresa cuando descubrí que no se había ido
sino que estaba sentado en el sillón, mirando hacia adelante,
acariciando el abrigo que tenía en el regazo.
Solo quería que supieras, el susurró, que me habría quedado de todos modos.