Hace tres años, en un día como hoy 21 de febrero, llegó a mi vida ese pequeño gran amor. Inefable sentimiento esbozó de mi ser, al mirar su hermoso rostro bañado del llanto de lo nuevo, de lo desconocido, del sentimiento innato de llorar por el alimento, que su orgullosa madre pronto le iba a dar, para su llanto calmar. Ella, ¡esa preciosa criaturita!, es la segunda personita, que me roba los sueños y me hace suspirar, en la pugna constante por ser para ella lo que soy para su hermana mayor. Esta linda princesita, se merece mi tesón. Esta linda princesita, se merece mi pasión. La despertamos con el “Cumpleaños Feliz” y por momentos mi voz se quebraba. Por momentos, mi mente volaba al instante de su nacimiento, al momento de su advenimiento… lloré por dentro… sentí el irrefrenable impulso de decir ¡Gracias!, gracias a la vida, gracias a mi esposa, gracias al amor. Gracias por la hermosa princesa que en la alborada nació, para iluminar nuestras vidas con sus hermosos soles dorados.
Hoy, tiene tres años. Hoy está más grande que ayer, más despierta, más curiosa, más hermosa… los calificativos me sobran, pero se ahogan en mi garganta por el nudo que provocan las lágrimas en su pugna por brotar. ¡Que hermoso sentimiento!, ¡que difícil sentimiento! Una lucha constante por criar, una lucha constante por batallar, por ella, para ella. En ella deposito mi ímpetu, es ella quien mueve mis mañanas de hastío, es ella quien despierta y viste con su mejor traje, mis anhelos paternos, para entregarle con alborozo, los hechos que su ley me impone, con el más profundo sentimiento que puedo hallar en el alma…
… Su mirada, su voz, toda ella me mueve. Es un sismo permanente desde ese 21 de febrero del 2015 cuando vino a este mundo a iluminar mis días, a llenarlos de responsabilidad de la más austera. Un sismo, que ha estado moviendo mi suelo para mantenerme atento, para mantenerme alerta, para no dar un paso en falso; un sismo que, a pesar de moverme todo el día, no le temo, al contrario, me hace feliz de estar tan atento, para ella. Honrado de saber que ella puede contar conmigo. El sublime canto que escuchan mis oídos cuando su bella voz pronuncia “¡Papi!”, es la opera magistral que a mi alma embelesa y que solo es comparable, en igual intensidad, con la dulce voz de su hermana mayor al pronunciar “¡Papi!” con tanta efusividad…
Hoy te quiero devolver ese canto magistral de mi nombre pronunciado en tus pueriles labios, con mi felicitación y mi abrazo paterno por tu cumpleaños número 3… ¡Feliz Cumpleaños, amada princesita! Son mis sinceros y fervientes deseos, mi hermosa niña.
Tu Papá.