¡Juan, Pedro, Carlitos! vengan pronto que se le enfría el manjarete. Era la voz de María Inocencia.
“La Abuela Chencha como cariñosamente la llamábamos, era una mujer robusta, de estatura mediana, tenía aproximadamente 60 años, de rostro risueño muy buena y complaciente con los chicos del pueblo”.
La Abuela Chencha se dedicaba a la elaboración de dulces y meriendas entre ellos (Gofios, Turrones, Manjarete). Por lo cual pequeños y adultos frecuentábamos su casa, en busca de sus ricos manjares. Los que ofrecía a bajos precios.
El manjarete era elaborado con masa de maíz pilado, coco, azúcar y anís dulce, servido caliente en vasijas hechas con la cascara del coco y espolvoreada con canela, que le daba ese sabor majestuoso e inigualable. Degustarlo era el aliciente, que conseguíamos en la mañana.
La Abuela Chencha tenía las manos celestialmente más prodigiosas para ser el manjarete en todo el oriente del país.
Cuando no teníamos para comprar el manjar hacíamos trueque con la Abuela Chencha le buscábamos leña para el fogón la cual gustosamente ella aceptaba aunque si no igualmente nos regalaba uno.
El más glotón y bellaco de los jóvenes comensales era Carlitos “El Cachete de Pulga” como en veces le llamábamos. El sábado y domingo se ofrecía a lavar la olla, con tal de lamer la parte que se pegaba al fondo de la olla.
Tan glotón que aun recordamos entre chistes la pela que le dieron por su glotonería. Le mando su madre a llevar el sancocho (sopa) a Juan Fernando su padre, en el trayecto fue comiendo la verdura, al darse cuenta que solo quedaba el caldo se puso a llorar, por temor al regaño o castigo del padre.
Al llegar a la vega asustado comienza a gritar entre llantos: ¡Papaíto! ¡Papaíto! No me vaya a pegar Papaíto. Juan Fernando se sorprende pues no sabe que sucede y pregunta ¿Qué tienes Carlitos? ¿Por qué lloras?. El sigue llorando y contesta; venia corriendo a traerle la comida, me caí se me botó y lo único que pude recoger fue el caldo Papaíto, no me vaya a pegar. Juan Fernando echó a reír la ocurrencia de Carlitos, pero eso no lo salvo del castigo para que no lo volviese a hace.
Hoy en día aun lo recordamos como chiste
Saludos amigos steemianos