Ella no puede dormir, cada día que pasa tiene una pesadilla con él. Recuerda que aún la abraza, aún la ama… Hoy despertó gritando, sudando y con mucho miedo. Fue a la cocina se sirvió un vaso con agua. Vio la luna por la ventana y vio el rostro de su amado sonriendo. Aún recuerda todo lo bueno, y se da cuenta que todo lo bueno, era más que suficiente para borrar heridas de dolor.
Como todos los días, la rutina se apodera de ella. Han pasado muchos meses desde el incidente pero aún lleva consigo el recuerdo de los brazos cálidos, miradas tiernas, y besos apasionados que provinieron de él alguna vez. Se atormenta con los mismos recuerdos una y otra vez, se distrae en plena jornada, no puede concentrarse en nada. Hoy vuelve a casa temprano a seguir llorando, abrazando su almohada, recostada en la cama, encender el radio y oír las canciones que a él solían gustarle. Mientras cae en un sueño profundo, con un dolor en el pecho inexplicable; no es un dolor muscular es algo diferente, un dolor de amor.