Brilla de día y se ausenta de noche, su calor es como llama viviente que quema con solo tocarlo, su luz se transforma con el paso de las horas y sigue su curso como cimarrón galopante, sin ser detenido, su presencia gigante muestra su fuerza Majestuosa, visto por todo ojo y sentido por toda piel, que marca el bronce de su rayos cósmicos sobre el faenador que con laborioso día marca su alba y cierra su poniente.