La señora Eduviges, es una venezolana devota a las ánimas; que son entidades que alguna vez habitaron el mundo de los vivos. Ella es bastante conocida en la ciudad donde vivo: Guatire. Acudí a ella, para que me relatara un poco sus historias acerca de las ánimas.
Al llegar a la casa de la señora Eduviges me recibió muy amable, le participé que quería saber un poco acerca de las ánimas y estuvo muy dispuesta. Me extrañó que no me ofreciera entrar a su casa, los guatireños tienden a ser muy hospitalarios, pero ella me recibió en el patiecito cerrado de su casa.
Me contó un poco acerca de ella y al cabo de unos minutos comenzamos a hablar de las ánimas:
He sido devota desde pequeña, mi abuela le transmitió esa fe en las ánimas a mi mamá, si le pide la por salud o por la solución de un problema ellas te escuchan y ayudan. Pero yo hace tiempo que no le he pedido nada. Desde que me ocurrió esa visita del Ánima sola.
Mientras decía aquella última frase se persignó y luego se aferró a un pequeño rosario que sacó de un pequeño pañuelo blanco que sostenía en su mano. Y algo en esa reacción me dio escalofríos, pero la curiosidad me ganaba así que le pregunté quién era el Anima Sola.
Ella era muy milagrosa, le pedía y me ayudaba mucho. Pero siempre se le debe enciender una velita, yo ese día lo olvidé.
Eran como las seis de la tarde y se estaba poniendo oscuro, me tocaron la puerta. Me sorprendí porque era una vieja amiga a la que tenía tiempo sin ver, contenta le dije que pasara. Apenas cerré la puerta, ya no la vi más, había una sombra negra en toda la sala, yo casi no veía, pero había algo entre tanta oscuridad. Repentinamente sentí un jalón de cabello y luego me golpeó mis brazos y piernas, caí en el suelo y como pude me arrastré para llegar al altar y le prendí la vela, la sala se volvió a iluminar. Le pedí perdón y me puse a rezar. ¡Ay, que susto tan grande me llevé ese día! Desde entonces no dejo que nadie entre a mi casa.
El rostro de la señora Eduviges era de temor, así que para distraerla le pedí que me dejara tomarle una foto como recuerdo.
No sé si fue un error, pero había algo más con la señora Eduviges en la foto, podría ser un objeto que se atravesó en el lente de la cámara, quizás algo más... algo que nunca ha dejado a la señora Eduviges y espera por el día en que vuelva en incurrir en el olvido de la promesa de encenderle una vela.
Espero que el relato haya sido de su agrado, me despido ¡Gracias por leer!
Las fotos utilizadas son de mi autoría y fueron editadas con photoshop.
Basado en relato del libro "Un pueblo de espanto y brinco" de José M. Milano.