"Proclamo en voz alta la libertad de pensamiento, y muera el que no piense como yo".
Voltaire.
Padre Nuestro que estás en el cielo…
Confieso que nunca lo recordaba y si en algún momento lo recodaba, se me olvidaba; pienso que las situaciones de miedo, hambre y ausencia de libertad te arrinconan las neuronas y aparece la fe que quizás algunos de nosotros la creía pérdida.
Ahora me encuentro implorando a esa inteligencia universal, que nos devuelva esa libertad que en algún momento perdimos en el camino.
Nuestra tierra se desborda en ríos de sangre, perdió su fertilidad; ya los hijos no envejecen, porque las balas le acortan el camino y los padres son almas perdidas, que caminan deambulando para morir de dolor.
Nos quitaron el pan de cada día, pero ellos bailan y cantan al compás de esta desgracia. Frente a tanta miseria, los cristianos aprietan mas sus rosarios y los ateos nos preguntamos ¿Cómo oramos para ayudar?
Estamos en una guerra, pero ya no quiero que me llamen soldado, quiero dar un paso al frente y rescatar a todos los que se desploman con la mirada ausente por pensar diferente.
Este silencio ensordece el ambiente y no quiero presagiar el final, quiero unirme en el mismo hilo de esperanza y olvidar como se cargan mis armas para que huelan a pólvora y gas.
¡Quiero escuchar gritos, pero de libertad!