A veces llegan así, por llegar, no para quedarse, sino para hacerse extrañar.
Llegan así, de la nada, sin nada que exigir ni que dar. Llegan solo para alterar el orden de todo, porque quieren desordenar.
Llegan, te miran, parece que se quedan y ahí mismo, se van. Llegan para sacarte una dosis de lo bueno, de eso que no sueles dar.
Llegan, te miran, sonríen, se dan media vuelta y se van. Se van igual que como llegaron; sin avisar.
Son estrellas fugaces, caballitos de mar. No todo el tiempo te topas con una, y cuando lo haces, pasan a toda velocidad.
Sientes que te enamora, pero nah, es tontería emocional. Estas personas llegan solo para darle la vuelta a tu vida cuando eres de esos que rápido se suele ilusionar.
La vida va y viene y ellas, igual. Te suben, te bajan, te mueven el piso y luego se van. Nada las va a detener en su rumbo, ni siquiera eso hay que intentar.
A esas que llegan así, de la nada y sin aviso, tú no las puedes parar. Con el mismo respeto que las recibes y tratas, dales la mano y despídete cuando se quieran marchar.
A veces llegan así, y luego, en un abrir y cerrar de ojos, no las ves nunca más.