Hola amigos!
No conozco a mis vecinos, pero igual los quiero, me han inspirado a escribir este post!
Hace unos días desde la ventana de mi habitación descubrí esta hermosa imagen, para mí una sencilla y clara muestra de cordialidad y respeto a la convivencia. En estos tiempos que vivimos creo que debemos, cada vez más, regalar unos minutos de nuestro día al diálogo interno y a la meditación, con el fin de calmar nuestros pensamientos y centrarnos en lo que verdaderamente importa.
Si nos preguntamos: ¿Qué somos?
Tal vez la respuesta sea: Somos nuestros símbolos, la tierra que nos vio nacer, somos las costumbres que nos enseñaron en casa, somos las calificaciones que nos exigen en la escuela… y somos muchos malos hábitos que vamos tomando por el camino.
Pero si la pregunta fuera: ¿Quiénes somos?
Entonces me atrevería a decir que somos mente y alma dentro de un cuerpo que nos sirve como medio para hacer visible, sensorial y perceptible, tanto amor y sabiduría (inteligencia intelectual e inteligencia emocional) como seamos capaces de proveernos.
Ese debería ser el primer deber que nos enseñen en casa y en el colegio, nuestro deber de ser felices. Ser feliz es fácil cuando somos compasivos y agradecidos, solo hay que hacerse consciente de ello.
¿A qué nos queremos aferrar?
- A una ideología, símbolo o dogma
- A lo que nos hacen creer
- A un pedazo de tierra
- A la obsesión por llegar a…
- A la obsesión de tener…
A todo ello ya estamos acostumbrados y en ocasiones casi obligados, dada la estructura social que nos rige.
En cualquier caso, es tarea nuestra cuestionarnos y cuestionar lo que vemos, leemos y escuchamos, no para juzgar o criticar, pero sí para discernir.
Discernir:
Otra gran capacidad que debemos desarrollar. Es como poseer un gran poder que nos permite movernos con facilidad entre tantas y tan diversas informaciones que nos llegan por diferentes vías a diario, sin que estas nos supongan perturbación o confusión alguna, ya que sabremos decantar y elegir.
Conclusiones:
Si nos invade ese recurrente sentimiento de superioridad ante los demás, es momento de apelar a nuestra consciencia y recordar nuestro denominador común: el Ser
Nuestra libertad de tomar todas y cada una de la infinidad de decisiones que tomaremos a lo largo de la vida, es la libertad más genuina que poseemos.
No hay que culpar a los demás, hay que hacerse responsable uno mismo del camino que eligió, con todas sus consecuencias.
Hay que formarse y educar la mente; somos nosotros quienes podemos sobre ella y no ella quien nos dirige!
¡Tengan todos una feliz noche!