Un fresco olor a biblia, como un helecho blando,
trepa por mis dedos.
Las cosas van adquiriendo el sentido de una geometría exacta.
Por eso has de estar, aunque sea escondida,
en una curva de mis dedos.
Ahora todas las cosas se fugan de su única presencia:
los ríos se lanzan, resuelto a buscarte,
donde hay peces sonámbulos;
el viento cabalga por las colinas,
con sigilo de indio,
y, ya sin fuerzas, se desploma en la noche;
los leñadores se preguntan si no te habrán cercenado las piernas;
y mis dedos le ruegan a la piedra impasible,
que deje entrar mis ojos en su dormida entraña.
Estoy resuelto a hallarte:
desesperado,
morderé las raíces de los arboles
hasta que el campo se convierta en brújula.
Hollaré incansable, en el espacio
buscando la raíz imperceptible de la piedra.
Les preguntaré a las mujeres estériles
en que parte enterraron a sus hijos,
Pediré a las distancias sus manos anchas.
Te buscarán mis labios más allá de las uvas,.
¡Quiero la llave para abrir el círculo!
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La imagen fue tomada de la web.