Sobre una solitaria carretera. No se puede observar el horizonte. Todo es difuso.
Una espesura verde nos arropa.
Es un largo camino.
Los pasos lentos marcan el ritmo, sin pausa, con paciencia, con dignidad.
El cambio estacionario nos obliga a movernos, al son de la naturaleza.
Somos testimonio del paso del tiempo, nuestra piel arrugada es muestra de ello.
Y seguimos caminando.
Siempre en silencio.
Siempre juntos.
Nos cruzamos con algún humano, rara vez. Pero seguimos nuestro ritmo impasible.
La luz del cielo viene y va, ella nos marca las pautas.
Poco a poco nos alejamos de todo, el camino se vuelve pedregoso.
Es un retorno a nuestro origen.
Agreste, indómito.
Siempre en silencio.
Siempre juntos.