Algo que he estado observando y que forma parte de mis reflexiones cotidianas, es el tema del valor de la palabra. Me refiero particularmente al hecho de que en tiempos pasados, cuando se llegaba a un acuerdo entre dos personas, sellaban el mismo con un saludo. No hacía falta un contrato por firmar ni nada relacionado con el derecho mercantil, por ejemplo. Uno cumpliría su promesa.
Últimamente esto se ha mermado un poco. Es algo que me resulta lamentable y me deja cierta nostalgia sobre la dignidad humana y de la palabra misma. En fin, es algo que debe uno aceptar y vivir con ello. Debe uno vivir bajo la latente posibilidad de que sea uno traicionado o no le cumplan lo que se acordó. De ahí que el derecho intervenga tácitamente.
En otro orden de ideas y bajo la misma premisa del valor de las palabras, lo que si resalto es el gran momento que estamos viviendo para poder monetizar nuestras palabras, más propiamente, nuestras ideas y creatividad. En este sentido, tenemos muchas posibilidades de narrar una historia en muchos sentidos. Por ejemplo, una historia literaria, de emprendimiento y de divulgación.
Si somos capaces de escribir una historia, podemos crear un libro de ficción, auto editarlo y publicarlo por nuestra cuenta y así generar ingresos. Si creamos una historia de emprendimiento, podemos narrar y hacer partícipe al héroe que viene siendo el cliente, creándole su marca como copywriter, por ejemplo. Si incursionamos en el tema de la divulgación, monetizamos con Adsense.
Alternativas hay varias, solo falta que definamos nuestro perfil de trabajo y/o profesión. Eso sí, no olvidemos hacer las cosas con honestidad y hagamos que nuestra palabra valga, no haciendo perder el tiempo a los demás por leernos.