Ahora, en ningún caso la muerte es ausencia de existencia, en tal caso de vida; pero no de existencia, puesto que siendo el hombre alma, cuerpo y espíritu, necesitamos definir cuál es el rol de cada uno de ellos cuando una persona muere. Digámoslo así: somos espíritus que tienen un alma y vivimos en un cuerpo, el espíritu es el soplo de vida de Dios en nosotros, el alma es la sede de las emociones, los pensamientos y la voluntad, y el cuerpo es el vehículo para poder ponernos en contacto con este plano terrenal.
Al una persona morir, en un "nanosegundo" (un pestañeo sería muy lento para cuantificar un "nanosegundo") su espíritu vuelve a Dios porque a Él pertenece, su cuerpo va al polvo porque de ahí fue tomado y a ese mismo lugar debe volver; pero, ¿y el alma?, ¿qué pasa con el alma?. Algunos filósofos dicen que no se nace con un alma, sino que uno debe ganársela en el transcurso de la vida con buenas acciones; si así fuese, entonces los primeros años de nuestra vida seríamos una especie de zombies vagando en esta tierra en busca de buenas acciones para por fin obtener esa "derecho" a un alma.
¿Qué pasa con el alma en el momento del deceso?, cuando una persona muere su alma va a uno de dos lugares: a un lugar de reposo, o a un lugar de tormento eterno. Concluimos entonces que la muerte es simplemente el definitivo estado en el cual una persona se encuentra separada para siempre de Dios, y siendo Él la Fuente de donde mana la vida, dicha separación representa el fin de la vida, pero no de la existencia.
Por supuesto que es prerrogativa suya creerlo o no, sin embargo, si lo que yo digo es mentira no pasaría nada; pero si lo que yo digo es verdad, entonces usted podría verse en una situación llamada la muerte segunda. La "primera muerte" tiene que ver con la separación del cuerpo y el alma, la segunda, con la separación del alma del Dador de la vida.
Todos vamos a morir un día, eso es indiscutible, pero no todos experimentaremos la muerte segunda; ¿qué debemos hacer, entonces?, reconocer nuestra necesidad de Dios y buscarle mientras pueda ser hallado. Jesucristo, el hombre más extraordinario que haya pisado esta tierra, dijo en voz clara y fuerte "el que cree en mi, aunque esté muerto, vivirá"; hoy puede ser tu día, aun estás a tiempo.