En mi post anterior, hacía la salvedad de que no había que excluir la noción de ritmo de entre las prioridades de la composición de los textos. De hecho, me gustaría partir acá de la enunciación llana de lo que me parece un principio fundamental: Hay que poner el oído en la escritura. Se dice fácilmente, pero la verdad es que entramos cual forasteros en un territorio vasto. Orientarse en él requiere trabajo, tiempo y paciencia. E ir dando un paso a la vez.
Bien, ¿cómo?
En primer lugar, aceptando que las equivocaciones son parte del paisaje, luego, buscando guías expertos. Escuchemos, pues, las lecciones de los maestros.
Fuente
Lección de Rubén Darío: en el texto, la forma es contenido. Pero tal vez esta formulación luzca demasiado abstracta. Así que dejemos que el poeta le ponga música:
Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo,
botón de pensamiento que busca ser la rosa;
se anuncia con un beso que en mis labios se posa
el abrazo imposible de la Venus de Milo.
Adornan verdes palmas el blanco peristilo;
los astros me han predicho la visión de la Diosa;
y en mi alma reposa la luz como reposa
el ave de la luna sobre un lago tranquilo.
Y no hallo sino la palabra que huye,
la iniciación melódica que de la flauta fluye
y la barca del sueño que en el espacio boga;
y bajo la ventana de mi Bella-Durmiente,
el sollozo continuo del chorro de la fuente
y el cuello del gran cisne blanco que me interroga.
Trata del poeta que busca la forma que le permita a su idea ser. No obstante, las palabras huyen: no hay forma sonora que contenga los conceptos. Es la paradoja representada en el abrazo de la Venus de Milo, una venus sin brazos. Indirectamente, la expresión poética mutilada.
El poema de Darío nos eleva en su trascendencia reflexiva pero también nos da lecciones prácticas. Dar forma a un texto implica buscar la configuración, la disposición de su materia semántica, la figuratividad de su idea. Esto significa realizar el trabajo en los niveles fónico y morfosintáctico del texto; es decir, trabajar la manera en que nuestro texto suena, cómo se disponen sus partes y cómo esas partes se relacionan entre sí.
A pesar de los paralelismos estructurales que acabamos de establecer, tendremos siempre en observación el hecho de que en la poesía existe una cierta tendencia a la agramaticalidad, a la violación consciente de la norma y que ambos géneros, cada uno a su manera, explota las relaciones lógicas atendiendo a sus prerrogativas particulares. Sin embargo, para ambos es muy conveniente, y no solo para la poesía, trabajar cuidadosamente las unidades que, con su capacidad para moldear la materia semántica, organizan la sucesión, periodicidad y proporcionalidad de distribución del contenido del texto.
Cuando nos referimos a las unidades capaces de intervenir en la forma del texto, hablamos de aquellos elementos que trabajan directamente en la sonoridad, velocidad, expresividad, así como a aquellos que ponen en relación a las unidades textuales de los diferentes niveles estructurales del texto. Dicho de un modo más simple y más práctico: el trabajo sobre la forma del texto debe cuidar la elección de las palabras y la relación entre estas palabras a través de la puntuación, atendiendo diligentemente no solo a su corrección gramatical, sino también a la belleza de su cadencia. Vigilar la regularidad de la distribución de los acentos y las pausas, si se trata de un texto poético y de la progresión de los temas en la prosa. Cuidar amorosamente de la yuxtaposición de nuestros enunciados y de la alternancia armónica de la variedad y extensión de las estructuras sintácticas que los contienen. Evaluar la distribución de la información contenida en nuestros párrafos y si se establece la debida tensión en el avance de esa información cuando trabajamos un exto informativo o un ensayo.
Sí, ha leído bien. Hemos hablado de la tensión refiriéndonos a un texto conceptual. Es una de las aventuras en las que el trabajo de la forma nos compromete: La proposición de una teoría puede ser un viaje por la pasión que sostiene nuestro afán de comprenderla. La exposición de un tema puede ser un tránsito por la elegancia de una deducción lógica. Una idea puede ser cautivadora. Puede ser emocionante. Puede ser sexi.
Es una lección dejada por Jorge Luis Borges: se puede narrar una teoría.
Lejos estamos aún del final. Esta historia continuará.
Nos vemos en el próximo post.