¡Oh, eres hermosa! Con el rió desbordante de miel que atraviesa tu rostro, con tu encantadora belleza; tan deslumbrante que apaga mis sentidos y mi razón. Eres tú la dueña de mis pensamientos. Con cada latido de tu pecho mi mente se estremece, haces que mi cavilar tome otro rumbo, que mi corazón lata con tal rapidez que agita mi cuerpo. Tus dulces caricias me enloquecen, con saborear la ternura que ocultan tus manos pierdo el control.
Tu tez dorada hace que me deleite, que mis manos tiemblen por ser tan inferiores a ese color que es la causa de la excitación y revuelo en mi mente. Esa seguridad que te envuelve me hace sentir a salvo. Te has vuelto la fuente de felicidad de mis días y noches, mi pensamiento recurrente… Cada objeto, persona, animal, gesto, acción, lugar o situación me recuerda a ti. Pienso constantemente que eres un ser tan perfecto para mí, que no sé si me harías un bien o un mal… Aunque en realidad, eso no tiene la menor importancia ya que igual te deseo.
¡Oh, ser de tan graciosa beldad! Ven, guíame por el camino a la felicidad con cada uno de los besos que puedas darme, con tu halo de venus alumbras mi pasaje. Tus ojos son los astros que guían el camino hacia mi norte. Eres alguien tan especial para mí, que eres a quién acudo cuando mi camino se torna oscuro y frío. Ofréceme ese calor que necesito, ya que eres tú la que necesito en mi vida, sí tú no estás mis días están incompletos.
Tus labios desbordantes de pasión; simples pero a la vez esbeltos, siempre sonrientes con un gesto dulce pero lleno de pecado. Siempre haciéndome volar, causas que mi alma y mi imaginación salgan de este cuerpo carnal, recordándome que soy más que eso, más que un simple cuerpo de carne y hueso.
Tú llenas con tu dulzura mi ser.