El problema del tiempo me deja usualmente buscando trabajos que puedo realizar desde mi casa, sin tener que cumplir un horario o ir a una oficina. La mayoría de los trabajos que busco son de redacción, español o inglés, porque es en el área donde más experiencia tengo. En los pocos momentos que tengo libre me la paso leyendo ofertas de trabajo en portales que ofrecen estas posiciones y que las paguen en dólares, ya que el bolívar está absurdamente devaluado.
Conseguir un nuevo trabajo no ha sido fácil. Muchos de los que se consiguen son mal pagados, si es que acaso responden tu solicitud. Desgraciadamente, contratar fuerza laboral en Venezuela se ha convertido en el deporte favorito de un sinfín de empresas, las cuales notaron que puedes explotar o sub pagar a muchísima gente. Solo para que tengan una idea, un artículo de 800 palabras, en un portal como Freelancer, puede ser pagado entre 15 y 30 dólares. En uno de los últimos trabajos que tuve, me pagaban 0,05 centavos de dólar por artículo de 800 palabras. Por supuesto, la mayoría (sino todas) de estas empresas perciben ganancias en dólares, pero “no les conviene pagar en esa moneda o al costo del mundo real”, “no pueden competir con la devaluación del bolívar”, “bla, bla, bla”.
Los límites
Cada día la crisis se acrecenta más y más y la desesperación crece más y más. Tus supuestos ahorros hace rato que dejaron de existir y la ayuda que te echa aquel amigo, familiar o pareja que vive fuera del país simplemente no alcanza para sobrevivir. ¿Qué haces? Empiezas a buscar trabajos poco convencionales.
Hace unos días conseguí un anuncio en Craigslist sobre un trabajo de “actriz de voz” para una empresa estadounidense que llamó mi atención. El anuncio parecía ser muy honesto: no te vas a hacer rico con este trabajo pero puedes ganar algo extra, tienes que ser mayor de edad, debes hablar inglés fluido sin un acento extranjero marcado, el tono de la conversación puede volverse “adulto”. En otras palabras, una línea caliente. Inicialmente me dio muchísima risa el escenario, pero de nuevo: el tiempo apremia, el bolsillo está vacío, TIENES que trabajar si quieres sobrevivir.
Escribí al número que colocaban el anuncio sin saber bien qué esperar pero, por otra parte, sabiendo exactamente qué esperar. Coloco la conversación aquí, si no entiendes inglés, explico: lo primero que me piden son mis datos y “fotos sexy” para ser considerada. El anuncio no decía que era un requerimiento y les digo que solo decía que era “trabajo de voz”, nada de fotos. Su respuesta es que es el protocolo para contratar y que si tengo un problema con eso “gracias por mi tiempo, muchas otras aplicaciones”.
El intercambio fue corto pero me dejó con demasiadas dudas. “¿No sería más importante que se aseguren que se hablar inglés fluido? ¿Para qué quieren mis fotos? ¿Será que las mando? ¿Pero qué hacen con mis fotos? No, no, ¿estoy tan desesperada? Coño no, todavía no”.
Creo que lo que más me molestó fue el subtexto de “tenemos muchas otras mujeres en tu posición, no vamos a perder el tiempo”. Muchas deben caer, te quieren hacer creer de que tú los necesitas más de lo que ellos te necesitan a ti. Quizá sea cierto, pero lo dudo. Hoy me volvió a escribir el número, el intercambio fue aún más breve.
No es la primera vez que me sucede algo parecido; hace meses, por Fiverr, posteé gigs como redactora de contenido, traductora y también como “modelo”. Aparentemente, es algo bastante común en la plataforma y vi cuentas de otras mujeres que lo hacen. La mayoría de las fotos eran tipo stock (banco de imágenes), con las modelos simulando situaciones. En mi mente, lo peor (o mejor) que podía pasar era que me convirtiera en un meme.
A ese gig solo conseguí una respuesta, de un mexicano que, además de querer pagarme sin usar Fiverr como mediador, quería que me escribiera su nombre en el cuerpo (preferiblemente piernas o senos). Por supuesto, quité ese anuncio. Los de redacción se vencieron, nunca conseguí ninguna oferta.
Estoy segura que esos intercambios con estas personas anónimas no son nada grave, estoy segurísima que a muchas personas les debe haber pasado algo más desagradable. Y lo que es peor, estoy segura que muchas personas en el mundo -y particularmente en Venezuela- quizá no la piensan tanto como yo y lo hacen, porque están desesperadas por conseguir tres míseros dólares, que “no son nada, pero es algo”.
La crisis te desfasa la lógica y el instinto de preservación. Con el estómago rugiendo de hambre y una casa que mantener, ¿qué importa que unos seres sin rostro se diviertan con mis fotos? O más adelante, ¿qué importa que me quite la ropa para el divertimento de esos seres anónimos? Tres casillas más adelante: bueno, ya he hecho todo esto, ¿qué tan grave es que me graben teniendo relaciones con otra persona?
Hace mucho tiempo, años, que me desprendí de los tabúes y los juicios de valor sobre qué hace la gente para subsistir. No apoyo, ni apoyaré jamás, a la gente que pasa sobre otra para posicionarse, o aquellos que estafan a millones de personas para aumentar sus arcas (hola, chavismo). Pero que alguien venda su imagen porque está genuinamente preocupada por dinero, pues, se entiende, y si vives en este país, mucho más. Pero es doloroso entender que esas decisiones vienen motivadas por la desesperanza y la necesidad, y más doloroso aún considerarlo para sí mismo.
Los monstruos del mundo se alimentan de la desilusión, la miseria y el apuro. La cantidad de oportunidades para vender tu imagen o tu cuerpo son increíbles, a solo un click de distancia; el click más caro de tu vida, quizá. Un día como hoy pienso en todas esas amigas desconocidas que no tienen más tiempo que perder y me da una impotencia enorme. Yo, por mi parte, seguiré esperando.