La creciente crisis económica ha desatado la caza furtiva de tigres en Venezuela. Desde que somos niños nos enseñan que mientras aparezcan en nuestro camino, a los tigres hay que matarlos. A medida que vamos creciendo, aprendemos a rastrearlos y una vez llegamos a la adultez, ya somos expertos cazadores.
Antes de que piensen que los venezolanos somos cazadores y un peligro para la fauna, les explicaré que “matar tigres” es sólo una expresión nacional para referirnos a todos aquellos trabajos informales y eventuales que surgen de la necesidad y son aprovechados por cualquiera.
Matar tigres es ejecutar labores ocasionales, que tienen corta duración y un pago proporcional a la dificultad de lo que se haga. De lo más simple a lo más complicado, estas acciones las hacemos con el fin de complementar el salario de nuestro trabajo fijo o solventar lo que se pueda con los ingresos extra.
Existen distintas teorías respecto al origen de la expresión, yo me decanto por la que dice que por allá, a principios del 1900, un hacendado mandó a uno de sus obreros a matar un tigre que rondaba sus tierras, a cambio de un pago adicional a su sueldo. En Venezuela los tigres más comunes son los llamados “cunaguaros”, una especie que se caracteriza por ser pequeños, como unos gatos. Según esta historia, el obrero una vez hecho el mandado le comentó a otro que “había matado un tigrito” y que fue fácil y rápido. No estoy segura de que este sea un origen fiable, pero de lo que sí estoy segura es que actualmente, TODOS matamos tigres.
El venezolano común, se ha visto en la forzosa necesidad de explorar sus habilidades y diversificarse para poder sobrevivir. Más nos vale ser útiles en varias cosas si queremos llevar comida a la mesa. Pero no todos los tigres son iguales, así como tampoco son iguales todos los cazadores.
Esto no es una ciencia exacta, ya que me estoy refiriendo a aspectos de la cultura general del país, estos niveles no están claramente definidos, sino es una cuestión de percepción de cada quien y se sobreentiende que hay que tener alguna habilidad si queremos tener oportunidades. La principal característica de estos trabajos es que siempre tienen una fecha de caducidad, por lo tanto se puede determinar su tamaño por su duración:
Si la tarea que vayamos a hacer nos quita algunos minutos, horas, un día o dos, nos estamos encontrando ante “Un Tigrito”. Estos son los que más abundan y los que menos pagan, cualquiera los puede hacer.
Si nos ocupa entre una a dos semanas, decimos que es “Un Tigre”. Lo normal es que los conocimientos y experiencia que se requieran para estos trabajos sean más específicos.
Por último, tenemos a los que si los encontramos, nos consideramos afortunados. Son los que llegan a durar hasta un mes, a este se le llama “EL TIGRE”. Estos son realmente escasos y vienen dados por recomendaciones, estos trabajos nunca los obtiene un novato.
En cuanto a los cazadores, en términos generales los podemos dividir en tres:
Los que cazan ocasionalmente: son las personas que toman las oportunidades cuando surgen, es casi cuestión de suerte. Pueden hacer cualquier cosa desde hacerle la tarea a un compañero, hasta ayudante de albañil. No lo hacen muy seguido, ya que no se dedican a eso, sólo aprovechan ese extra si sale, sino, por lo general, hacen otras cosas como labor principal.
Los que cazan como ingreso secundario: Estas personas a pesar de tener un trabajo estable, cuentan con los tigritos para complementar sus ingresos. Desde vender productos por catálogo, hasta reparación de electrodomésticos. Esto lo hacen en sus tiempos libres y no les supone dejar de trabajar para realizarlos, al contrario se ayudan con eso, ya sea vendiéndole las cosas a sus compañeros de trabajo u ofreciendo sus servicios a amigos y conocidos. Por lo general, sólo hacen estas cosas si consideran que tienen conocimientos en el área para que los clientes vuelvan por más.
Los que cazan para vivir: en este grupo entran todos aquellos que como no consiguen trabajo estable hace lo que sea para sobrevivir. Son los trabajadores independientes, estas personas hacen de todo, desde albañilería, limpieza, reparación, cosechan, bachaqueo (compran barato, venden caro), hasta colas en los bancos para luego vender los puestos. El tiempo, la disposición y la necesidad de estas personas los hacen muy competitivos. Si existe algo que se pueda hacer y sacarle un dinero, ellos lo hacen antes de que otro lo haga. Hacen cursos de ser necesario y para ampliar su alcance.
Entonces, una vez aclarados estos puntos, pregunto: ¿Matar tigres es una cuestión de supervivencia, versatilidad o emprendimiento?
Yo creo que de todo un poco. Con un salario oficial promedio que no cubre ni el 10% de los gastos básicos, el venezolano se ha visto en la obligación de buscar otras posibilidades, ahí es donde entra la versatilidad, ya no se trata de sólo saber hacer nuestro trabajo, sino muchas cosas más, como aprender a hacer dulces, reparar lo que sea que se pueda reparar, o los trabajos escolares de los demás, cualquier cosa que se pueda hacer y ofrecerse a los demás. A veces se gana poco con esto, pero otras, con suerte y esfuerzo dan bastante.
Por eso, nos encontramos cada día con más personas que dejan sus trabajos fijos para dedicarse a aquello que al principio sólo era “matar tigritos”. El venezolano que emigra no tiene miedo de empezar de cero y dejar de lado su carrera, porque aquí ya aprendió que las mejores herramientas son la disposición y un buen ojo para las necesidades ajenas. Mientras haya cosas que podamos hacer, que los demás no quieran hacerlo, lo haremos y no sólo lo haremos porque lo necesitamos para vivir sino que trataremos de ser los mejores en ello. Un consejo para las personas en el extranjero, si ves a un hermano venezolano con necesidad, no sólo lo ayudes sin más, mejor dile que necesitas que te mate un tigrito. Créeme que aparte de hacer una buena acción, obtendrás un buen servicio a cambio.