Cuando somos pequeños comenzamos a explorar nuestros talentos o habilidades y, como muchos, yo también inicié con el dibujo. Me gustaba mucho dibujar pero me frustraba demasiado hacerlo, porque no era algo único, todos mis amigos podían hacerlo y al comparar sus trazos con los míos, solo sentía que perdía mi tiempo. Odiaba no tener ese talento, aún por más que lo intentaba, mis resultados no llenaban mis expectativas. Así que el dibujo fue algo que me llenó de complejos y de envidia; sí, porque ese sentimiento no podía acercarse a ser una admiración competitiva. ¿Saben a qué me refiero? Era que simplemente deseaba ser capaz de hacer lo que otros sí podían… Pero ¿y por qué yo no podía? No tenía ninguna dificultad física, y entonces ¿qué me imposibilitaba alcanzar mi meta?
Pasé tanto tiempo pensando en los demás, en lo que ellos tenían o podían hacer, que cada vez me odiaba un poco más a mí misma, frustrada y sin pensar en lo que yo podría llegar a ser o hacer si trabajaba más duro. Dejé y retomé el dibujo tantas veces porque era injusto que para otros fuera tan fácil lo que a mí me tomaba mucho, pero ¿cuándo ha sido la vida justa en algo? Es así, es su sistema, somos parte de él y no podemos elegir nuestras habilidades o destrezas. Pero lo que sí podemos elegir es cómo trabajar con lo que tenemos, como afrontar la vida para alcanzar lo que queremos, y esto es válido para todo, no solo en las artes.
¿El talento está en la mente?
Personalmente, no creo que haya una respuesta definitiva, para algunos simplemente se nace con la habilidad y otros debemos desarrollarla con el tiempo. Sin embargo, a estas alturas de mi vida he comprendido que de nada servirá que tengas talento innato, porque sin la práctica terminará por ser inútil ante aquel que ha estudiado de mil maneras eso que se te daba naturalmente. Ante un problema, el que “se hace” buscará entre sus experiencias como solucionarlo, pero el que “nace” deberá experimentar por primera vez con este reto.
A veces tú talento está en otra parte, pero eso no quiere decir que debas rendirte de hacer algo que te gusta. El talento es un regalo, una ventaja al comienzo de la carrera, que si no sabes aprovechar simplemente se agotará o se quedará en el mismo nivel. Al contrario, el esfuerzo, la práctica, los años de experiencia se acumulan, imborrables, y te enseñan más allá de lo que el talento puede ver.
¿Entiendes todo mi blah blah blah? No necesitas tener el don, el talento; necesitas las ganas, el querer hacerlo, esa fuerza que te motive a practicar así sea unos pocos minutos al día.
El año pasado comencé a dibujar de nuevo, porque en la bodega de mi papá casi no vendíamos y tenía mucho tiempo libre que decidí llenar con dibujos. Tomé revistas viejas e intenté imitar las fotos lo más que pude.
Un día quise dibujar a una cantante que me gusta (Jin Soul del grupo LOONA) y otro día se me antojó que podía hacerlo mejor en digital. ¡Esa chica inspira! ❤️
Esto fue lo que logré el año pasado, sin ver tutoriales y usando de fondo la imagen, tomaba cada color de la foto y buscaba cómo aplicarlo.
La universidad y un nuevo trabajo me quitaron tiempo, pero este año continué con mi ilustración después de encontrar unos pinceles geniales y haber visto algunos tutoriales de piel.
No tengo una tableta gráfica, que parece indispensable para la ilustración digital, pero eso no me detuvo. Yo le digo a la gente que con Photoshop puedes hacer lo que sea, en serio, como magía. Solo hace falta que le pierdas el miedo e intentes aprender a usarlo.
Trabajé duro estas últimas semanas hasta quedar satisfecha, porque quería demostrarme a mí misma que yo puedo, con el tiempo, convertirme en una artista.
Seguro que para algunas personas esta charla nos desvía de la esencia de mi ilustración, pero debo decirles que es todo lo contrario: este texto es todo lo que he impreso en mi “obra”.
En el trayecto hasta acá, todos mis años de frustración, toda esa envidia corrosiva, todo lo que me menosprecié a mí misma, se convirtió en arrepentimiento, en un “pude invertir mejor mí tiempo” y finalmente dejé de ser tan dura conmigo misma. Ahora puedo ver a los demás como un ejemplo a seguir y no como un espejo, no como la competencia. Me llevó años entenderlo, pero lo logré y me acepto a mí misma por lo que puedo hacer si me lo propongo. Actualmente he colocado todas mis energías en recuperar el tiempo perdido, en retomarlo todo y creer más en lo que yo puedo hacer.
No importa si debemos esforzarnos el doble que los demás, la satisfacción de ver tus resultados jamás se va a comparar al del que ya está acostumbrado.
En mi próxima publicación haré un tutorial para pintar piel en digital. Quiero compartir con ustedes lo que he aprendido y que ustedes me enseñen también.
Esta publicación está dedicada a mi mejor amigo, que a veces hace falta que le recuerden que él puede lograr lo que quiera. A mi mejor amiga también que se encargó de resaltarme cada cosa que podía mejorar (nunca olvidaré que dijo que las cejas parecían pupucitos 😟). Se lo dedico a mi papá que siempre ha consentido mis caprichos, con clases de dibujo y revistas que me compraba. A mi mamá que siempre cree que soy la mejor en todo, hasta en flojear... A mi yo del pasado que me llevó hasta aquí. Y a ti, que me lees y seguramente has dudado de hacer lo que te gusta porque no sientes que serás tan bueno/a cómo los demás. Tranquilo/a, respira. Ser bueno en algo es relativo, solo proponte alcanzar una meta y disfruta el aprendizaje.
¡Nunca es tarde para aprender! ¡Por favor, no escuches a tus complejos!
Mejor escucha LOOΠΔ...
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