El amor es algo que siempre ha sido muy desconocido para mí. No porque no lo conozca, sino porque no existe límite, escala ni nivel donde la ética, la moral y la lógica le enmarquen.
A veces nos hablan del amor como algo que uno planea, algo que se programa. Como si tu mente despertara un día con la intención de programar un te amo, un abrazo y un beso. No. El amor es la forma más sencilla de romper barreras espirituales, físicas, mentales, sentimentales y cósmicas. El cuerpo se eleva de tal forma que no existe reglamento ni control. No es algo que pertenezca a un plano tan simple como el nuestro, el plano material.
El amor va más allá de un toque, una caricia o una mirada. Y es que un buen amigo me decía que cuando no existe nada de eso tiende a ser aún más poderoso; las energías se acumulan y las tensiones se frustran entre sí.
Es como una luz que viaja por todo nuestro universo interior, un universo que no conocemos. Y el sistema nos educó como seres banales, y por ende entendemos que el amor parece un organigrama de sentimientos. Como si fuera obligatorio sentir mariposas en el estómago, componer canciones, ser feliz y nunca llorar. O que siempre tendrás el amor de tu parte. No, el amor tiene su propio rumbo.
"La intensidad del sentir" era un slogan que desconocía; se sentía como un mito hasta el día que me enamoré de verdad... Así fue como aprendí a llevar la constante batalla entre el amor y el arte. Pero jugueteamos inquietos, buscando esos fragmentos para sentir que todo fue real, y claro que lo fue. Fue solo un instante, pero un instante real entre un millón.
”Es casi como si el destino sólo estuviese obligado a hacer que esa persona exista en nuestra porción de existencia”.
En los momentos de catarsis me vi obligada a luchar contra mis demonios. ¿Demonios? No. Son simplemente curvas impredecibles en carreteras extensas. No son demonios, son un cúmulo de cosas guardadas en un cofre para la posteridad. Quién sabe cuántas cosas puedan guardarse ahí, quién sabe cuánto pueda aguantar el cuerpo. A veces hay mucho sentir y muchas cargas. ¿Cuándo estarás dispuesto a abrir el cofre y regalarle una parte de ti al universo?
La intensidad del sentir es la batalla con el arte y el amor donde no soy enemiga sino compañera. Voy con mi escudo combatiendo la frialdad, la injusticia y el odio para brindar un recuerdo perdurable por el resto de los siglos. Es aguantar la fragilidad, la catarsis, el demonio, el fantasma que dejas en el cuarto, en el estudio y en ese rincón donde te derrumbaste y cantaste fuerte, con el alma entera. Es peligroso, no se lo digas a nadie... No todos podemos ser artistas en el momento que queremos serlo. Y cuando lo somos, tendremos que aprender a lidiar con la falta de reglas.
Morí y reviví mil veces en al menos 3 segundos. Porque el amor no se trata de estar vivo todo el tiempo, o en calma. Es saber cuando cantar alto y cuando susurrar, pero también es no saber cuándo parará todo esto. Es un viaje infinito.
Y es que nunca nos enseñaron a entender las intermitencias de la vida. Y podría ser peor; si hay algo peor que sentir intensamente es no sentir absolutamente nada.
Y a todas estas aún me pregunto si algún día los ojos se hallarán, los labios conversarán y las voces callarán...