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Nunca había sido tan sencillo dejarse ir. Solo sintió un impacto y como por arte de magia, todo se borró. Estaba en la nada, era nadie y todo al mismo tiempo. Solo recordaba las luces cegadoras a su izquierda, y el sonido de una queja muy distante en lo poco que quedaba de su memoria. Pero eso era el pasado, instantes en los que no podía reconocer su valor.
Era un momento en el que ni ella, ni nadie podía evitar sentirse uno con la nada, tan vacío como el espacio. El sonido ahogado del mundo alrededor de ella la mece hacia un destino casi inevitable, y nada la perturba. Está ahí esperando su final. Siente como poco a poco en su pecho deja de existir lo que le da el tic-tac a la vida, y se rinde. Es tan sencillo que no sabe como no lo intentó antes.
Vacía, expectante, alejada de la realidad, solo navega por la nada, disfrutando el espacio desconocido entre sus dedos helados. Es como sentirse hecho uno con el infinito, desconocido y prácticamente ausente de los momentos importantes, de todo el alboroto de la vida. La bruma la envuelve y por instantes, la nada es todo para ella, ya no sabe que creer ni que sentir, solo es ella contra todo y ella en la nada.
¡BAM! Una descarga. Su pecho le quema. Por encima de su cabeza, escucha murmullos, pero está muy feliz sin sentir, sin pensar, sin ser nada ni nadie. No recuerda mas que trozos, y se siente libre por primera vez en tanto tiempo. El espacio se estira frente a ella de forma infinita y se deja ir de nuevo.
Por unos momentos no sabe quien es, no respira pero algo late en su pecho. ¿Qué fue esa corriente que fluyó por su cuerpo? Piensa que quizá no le están dejando irse como quiere. Pero una mano toma la suya y la acaricia. Es un cariño tan sincero, tan profundo, es el mejor amante. Pero ahí, en el abismo cegador de lo que una parte de ella reconoce como muerte, ese cariño le es ajeno.
"Vuelve" le susurra "aun no te toca" y de un empujón, le envía hacia las alturas. A la superficie. Lucha contra el impulso, quiere seguir en la bruma, quiere desprenderse de todo y no puede. ¡BAM! Otra descarga la sacude y entra a la realidad. Escucha gritos y el chirrido metálico de algo que se cierra. Su mente se desconecta con la tercera descarga que reinicia su sistema.
Regresa a la realidad por instantes. Se ve a si misma, en una cama rodeada de personas en batas y gorros. Su pecho está abierto, logra ver su corazón. Late, con un ritmo que desconoce pero no siente en su pecho. Algo en el borde de su conciencia va a negro de nuevo, y escucha la desesperación en la voz de alguien a lo lejos. Una furia de movimientos coordinados se acerca a su pecho, y ante un comando brutal, se alejan de ella. ¡BAM! No se acostumbra a las descargas, y de nuevo, se desconecta hasta nuevo aviso.
Desde la camilla, escucha conversaciones ahogadas mientras llegan las visitas a su cuarto blanco. Reconoce el aroma esteril como una clínica o un hospital. El bip que suena a su lado le dice que si, en efecto, está viva y no sabe como. Solo recuerda el accidente de forma vaga. El dolor llega en ondas, solo escucha un grito distante, un eco en algún lado de su mente le dice que algo está mal, pero lo ignora, duele demasiado.
Escucha una voz más clara, distinta a la bruma y estática que le susurra "No grites, ya te sentirás mejor" mientras fluye algo helado por dentro de su brazo en llamas. ¿Esos gritos eran suyos? No los reconoce, esa voz no es la suya. Está rota, rasgada a piezas y rustica de tanto gritar. Pero empieza a fluir el químico helado por su sistema. Y siente la calma que viene con el. Y la verdad llega todo al foco de su mente tan rápido, que se marea.
El accidente. El auto en contra sentido. Las luces cegadoras. Esa luz... Si hay un túnel. Murió. De eso estaba segurísima. Si, estuvo muerta. Algunos segundos, mas o menos válidos para los fines médicos, eternos para ella. Murió. Esta viva porque alguien la empujó de regreso del abismo. Se siente eléctrica, llena de energía, pero tanta energía duele. Llora lentamente mientras el analgésico hace efecto. "Es un milagro" dice la voz que ya reconoce como el doctor que la atendió.
Estaba en un horario normal, el tráfico era suave. Jamás tuvo que mirar en ese sentido, el tráfico de esa calle bajaba. Pero el imbécil del otro auto venía en contrasentido, escapando de la ley. El chocarla fue un accidente inesperado. Pero para ella, fue un reinicio literal de su vida.
Mientras el analgésico la lleva a un sueño profundo y sin dolor, sonríe y se deja ir. Lo ultimo que piensa es que cuando pasó el semáforo ese día, nunca pensó que renacería. Y que por accidente, tendría las llaves a su nueva vida.
¿Qué situaciones te han hecho renacer?
Hay momentos en los que nuestra vida vuelve a ser nuestra. Instantes en los que percibimos que la realidad que teníamos antes era una ilusión, o era una vida mal vivida. ¿Qué momento consideras tu que fue tu renacer accidental? Comparte tu experiencia, y da las gracias junto conmigo por esos momentos extraordinarios en los que la vida nos da una nueva oportunidad.
-A.