21 de Agosto.
Hacía pocos minutos que había salido del trabajo; caminaba sola por una de las calles más concurridas del casco central, pues me dirigía a mi casa y justo cuando iba a cruzar, de una acera a otra sentí lo que creí era un fuerte mareo. Desconcertada mientras mentalmente intentaba encontrar una explicación a lo que estaba sintiendo, oí la voz de un hombre a lo lejos que decía que el agua que estaba estancada en la cuneta, se estaba moviendo. Fue en ese entonces que comprendí lo que estaba sucediendo, era un sismo.
Un sonido ensordecedor, una especie de rugido o crujido proveniente de a tierra. Gritos de desesperación y otros que advertían que debíamos tener cuidado de las guayas de alta tensión y de los cercos eléctricos. (Cercos eléctricos que hay en un 60% de las casas y establecimientos comerciales debido al alto índice delictivo que atraviesa mi país).
Me sentí acorralada, atrapada y sin saber hacia dónde correr porque sencillamente no había lugar seguro. La intensidad cada vez mayor del sismo me hizo pensar en que había llegado mi final y no volvería a ver a mi hijo y mi mamá nunca más.Pensé en lo mal que debían estar pasándolo ellos (especialmente mi mamá) al no saber cómo estaba yo.
Ya cuando lo peor había pasado, saqué mi teléfono para llamar a mi casa y no había señal, camine lo más rápido que pude. Normalmente tardo 15 minuto en llegar a mi casa, ese día solo tarde 5 minutos, imaginaran a estas alturas cual era mi nivel de desesperación. Durante el recorrido solo logre observar a personas que como yo estaban asustadas, les oía pidiendo y suplicando a DIOS misericordia y perdón por nuestros pecados, más no alcance a observar daños materiales lo que era realmente extraño.
Al llegar a mi casa mi mamá se encontraba ya en la puerta esperándome. Y fue allí cuando arranque a llorar y a llamar a gritos a mi hijo, verlo y abrazarlo era lo que más anhelaba. De allí en adelante a esperar noticias de la familia y amigos. Y claro los reportes en las noticias porque un movimiento telúrico de tal magnitud debió dejar destrozos y probablemente pérdidas humanas en las zonas más cercanas al epicentro. Afortunadamente no se reportaron víctimas fatales.
22 de Agosto.
La Madrugada fue muy larga, porque aunque muchos creían que el peligro ya había pasado, mi familia y yo sabíamos que existía la posibilidad de una o varias réplicas. Así que preparamos un morral que contenía un botiquín de primeros auxilios, medicinas, una muda de ropa para cada miembro de la familia, comida perecedera, agua, linterna, radio a baterías, nuestra documentación y algunas otras cosas que nos parecieron indispensables. En caso de que tuviéramos que abandonar nuestro hogar. Dormimos vestidos y como dicen popularmente con un ojo abierto y el otro cerrado.
Llegó la mañana y afortunadamente no hubo ningún movimiento sísmico de gran intensidad durante la noche. Muchos ya confiados otros aún a la expectativa nos dirigimos a nuestros puestos de trabajo. En medio de nuestra faena matutina, se hizo sentir la réplica, está duró mucho menos y fue de mucha menos intensidad. Nos mandaron a desalojar las instalaciones, mis compañeros de trabajos estaban muy alarmados y la verdad yo en esa oportunidad no sentí nada. ¡Afortunadamente! Y la verdad es que no sé cómo.
Esta evento en mi vida me ha hecho reflexionar e investigar muchísimo. Sé que para muchas personas alrededor del mundo los movimientos telúricos son habituales, pero para nosotros los venezolanos no es así. Hace 21 años que yo, no sentía algo así, tenía 13 años cuando ocurrió el terremoto de Caicara en el año 1997, con una magnitud de 7.0 en la escala de Richter, el cual dejó 73 víctimas fatales y sólo duró 51 segundos.
Leyendo por aquí y por allá, encontré un artículo donde un geólogo mexicano decía que un sismo de tal intensidad debía de estar acompañado de entre 12 y 24 sismos posteriores con réplicas de magnitud 4 y 5, lo que no ocurrió. Decía también que un sismo de magnitud 7 tiene una duración cercana a los 3 minutos y este duró 2 minutos con 20 segundos, y que fueron 2 jalones fuertes los que se registraron. También dijo que la dirección hacia donde fue liberada la energía no era la usual. En conclusión todo el acontecimiento telúrico tuvo un comportamiento fuera de lo que él está acostumbrado a ver. Yo sinceramente pienso que DIOS nos vio con ojos de piedad y que hay que agradecerle que no hubiera víctimas que lamentar.
Agradecida por el tiempo que dedicas a leerme, me despido.