Hola amigos. Hoy quiero compartir con ustedes este cuento que realicé hace un tiempo en un taller que recibía del escritor
a quien le agradezco por todo lo que me ha enseñado y por hablarme de Steemit. Espero que les guste. ¡Saludos!
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Vanidad
Se miraba en el espejo: esa nariz perfilada, ese pelo lindo, y esa boca hermosa que provocaba a Julio, el colega con quien solo compartía el nombre. Se llenaba de confianza al mirarse en él:
― Soy una mujer fuerte, soy inteligente, soy hermosa y nada ni nadie hará que me detenga ante mis propósitos.
Por eso no podía faltarle el espejo pequeño para llevarlo en la cartera, y ese día en particular, no lo conseguía.
Buscó en su cuarto, en la sala que a la vez era cocina y en el balcón, no podía perderse en un apartamento tan pequeño. Cansada de buscar decidió irse, debía apurarse si quería llegar a tiempo a su trabajo.
Antes de salir, se miró al espejo una vez más para procurar que todo en su aspecto se encontrara en orden y en el reflejo observó su espejo de mano sobre la repisa que estaba a su espalda, lo tomó sin tener tiempo de guardarlo, salió de su pequeño apartamento y bajó corriendo las escaleras.
En su apuro, cruzó la calle sin darse cuenta del carro que se aproximaba. Cuando volteó solo alcanzó a ver su reflejo en el parabrisas: su cara desencajada, sus ojos abiertos y saltones, su boca torcida y nada más.
Tendida en el suelo, con la sangre resbalando de su boca, y sosteniendo con su mano sin vida el pequeño espejo, se reflejaba a una mujer diciendo:
― Párate, Julia debemos ir a trabajar.
― Soy una mujer fuerte, soy inteligente, soy hermosa y nada ni nadie hará que me detenga ante mis propósitos.
Por eso no podía faltarle el espejo pequeño para llevarlo en la cartera, y ese día en particular, no lo conseguía.
Buscó en su cuarto, en la sala que a la vez era cocina y en el balcón, no podía perderse en un apartamento tan pequeño. Cansada de buscar decidió irse, debía apurarse si quería llegar a tiempo a su trabajo.
Antes de salir, se miró al espejo una vez más para procurar que todo en su aspecto se encontrara en orden y en el reflejo observó su espejo de mano sobre la repisa que estaba a su espalda, lo tomó sin tener tiempo de guardarlo, salió de su pequeño apartamento y bajó corriendo las escaleras.
En su apuro, cruzó la calle sin darse cuenta del carro que se aproximaba. Cuando volteó solo alcanzó a ver su reflejo en el parabrisas: su cara desencajada, sus ojos abiertos y saltones, su boca torcida y nada más.
Tendida en el suelo, con la sangre resbalando de su boca, y sosteniendo con su mano sin vida el pequeño espejo, se reflejaba a una mujer diciendo:
― Párate, Julia debemos ir a trabajar.
Alejandra Fernández Leonet