Una sombra colorida
La luna se alzaba sobre los techos, mientras Sombra caminaba por una callejuela iluminada por diminutos faroles ubicados a los costados. Deambulaba hambrienta con rumbo indeterminado, sin prestarle mucha atención a su alrededor. Aunque paseaba por una zona ilustre de las calles de Barcelona, un lugar excepcional lleno de gracia. Súbitamente un escalofrío recorrió su espina y se percató que pasaba justo al frente de una enorme casa de formas muy extrañas. Asemejaba un monstruo de distintas cabezas, sin ojos pero con órbitas profundas como la noche misma. La mirada que le propinaban era tan estremecedora que Sombra se paralizó, los músculos de sus patas se tensaron, sus pupilas se dilataron, el pelo de su lomo se erizó, mientras se encorvaba, su cola se alzó rígida y un tanto torcida. Sentía que por esos vacíos de la muerte, sería succionada y llevada a la oscuridad de una vez por todas. Como pudo huyó del sitio, corriendo a toda velocidad mientras que soltó un grito desesperado. Cuando la casa se perdió de vista paró y se refugió en las cajas de cartón de un basurero. Su corazón latía muy rápido, temblaba y aún tenía mucha hambre, sin embargo prefirió dormir allí debido al cansancio.
A la tarde siguiente, Sombra visitó a Manolo, un cocinero que le daba algunas sobras de sus platos. Ella se mostraba agradecida, dejándole regalos —aves y lagartijas pequeñas— ocasionalmente, en la puerta trasera del restaurante, por donde él salía a alimentarla. Después de saciarse, Sombra recorrió las calles de la ciudad. Incitada por la curiosidad, decidió pasearse por el lugar terrorífico de la noche anterior: la Manzana de la Discordia. Se impresionó al ver las formas que le ocasionaron tanto miedo pues, las cabezas sin ojos no eran más que balcones. Además la extraña estructura era amigable y colorida. Se quedó observándola por un buen rato bajo la luz del atardecer, era una morada sobresaliente.
A continuación siguió su camino incierto, pasando por callejuelas y parques llenos de gatos solitarios y personas en medio de la violencia o el amor —incluso ambos—. Bien entrada la madrugada, recordó el vacío de las órbitas que la observaban y decidió enfrentarse a sus miedos. De igual manera, ya sabía que lo que había visto no era un monstruo sino una hermosa casa. Cuando llegó, se percató de cómo brillantes luces, iluminaban la avenida. Varios colores salían de sus ventanas como un arcoíris, por lo que ahora, Sombra podía ser verde, roja o azul. Dejó el temor de lado, hipnotizada por los llamativos colores.
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