El mismo hombre que ha generado la Ciencia, hoy invita a la autoreflexión, como especie, como sistema, como necesidad, y no es coincidencia entonces que, autores como Edgar Morín y Miguel Martínez Miguelez, nos hablen sobre el gran reto que rodea al mundo científico a medida que avanzamos en el tiempo geológico, y hablo de esta escala, pues nuestro papel debería proyectarse más allá del calendario que diariamente usamos.
Hablamos hasta ahora de reinos de vida, y se ha vuelto sumamente difícil para los estudiosos del área delimitar o clasificar la gran cantidad de diversidad que existe dentro de él, incluso en un mismo grupo, y sin contar las que aún no hemos descubierto. Esto nos ha gritado, desde los confines del racionalismo que, no estamos solos en este planeta. Y es así, como la evolución, desde una célula inicial, descendiente de agregados moleculares superiores, marcó el inicio de la vida, que según Maturana, se organiza buscando un equilibrio.
Todas conviven en una lucha por la sobrevivencia, siendo beneficiadas aquellas que tengan los genotipos adecuados a las presiones selectivas, y logren reproducirse. Y es que reproducirse, no es para nosotros, lo que es a la naturaleza, pues en sí misma, cualquier especie, de tamaño incluso imperceptible encontró la manera de perpetuarse, o de lo contrario, desaparece. Sin embargo, cada una de ellas, ha mantenido una función, que ha marcado pauta en el engranaje planetario, ya que, como todo sistema, los elementos, interactúan en una constante búsqueda de armonía.
Cuando estudiamos los clados evolutivos, nos damos cuenta que, no existe una especie mejor que otra, por lo que resulta absurdo pensar que el mono aquel, que ahora ha roto cualquier esquema biológico, lo sea. Y si lo confirma, es porque ha creado su propia realidad o ¿No nos hemos dado cuenta que no hay otra especie que nos diga lo contrario? Obvio está que en un idioma entendible a nuestro cuerpo cognitivo. Pues sí, ¡nos estamos autoproclamado como los mejores! Los racionales, los dotados de saber, y nos hemos creído nuestras propias mentiras, tal vez mucha de ellas verdades.
Imagen del Autor. Capturada con dispositivo Huawei P20 y editada en Microsoft Power point.
Y es que la misma biología, sin sumar drama y no considerar ego es clara, objetiva y nos muestra que, la vida tiene un ritmo. Ni siquiera Charles Darwin pudo aplicar su Teoría evolutiva a la especie humana, debido a que, nuestra lucha por la supervivencia no es la misma al del mundo biológico que nos rodea. La humanidad ha roto cualquier esquema que lo denote como un ser vivo con una funcionalidad en los ecosistemas naturales, y debido a ello, ha creado el ecosistema humano.
Cuando hablamos de nicho ecológico, nos referimos a una función específica dentro del ecosistema, que mantiene el entramado de la vida. Una especie de esta manera puede comportarse como diseminador de semillas, controlador de poblaciones, polinizador, entre otras, y su cuerpo, a nivel anatómico y funciones se encuentra adaptado para ello. De esta manera, el sistema ecológico encuentra homeóstasis, es decir, se regula y armoniza ante las presiones.
Imagen del Autor. Capturada con dispositivo Huawei P20 y editada en Microsoft Power point.
Ahora bien, en algún momento de nuestra trayectoria evolutiva, pudimos haber tenido un nicho específico, que va desde diseminadores o posiblemente, controlador de poblaciones pues también éramos cazadores. Sin embargo, la generación del conocimiento y el auge de la tecnología, nos pudo haber posicionado, en lo que Odum, un ecólogo reconocido, ha establecido como manipulador y habitante del ecosistema. Ahora bien ¿Necesita un ecosistema ser manipulado? ¿Para qué estamos manipulando? Pues no, debido a la sencilla razón de que el hombre cambió tanto su función como especie biológica, que tampoco está dentro del rigor de las leyes que rigen un ecosistema natural.
¿Suena fuerte no? Pues la biología es exacta y así lo reflejan los datos que día a día salen en las publicaciones periódicas, que nos alertan de la contaminación, agujeros, animales que mueren, incendios, entre otros que la egolatría humana, sumado a lo económico no ha considerado relevante, pues a diferencias de los compañeros de los otros reinos evolutivos, ha dejado de pensar en la descendencia.
¡Ningún otro animal modifica el medio abiótico para obtener un mejor nivel de vida! Pues, de acuerdo a mi consideración, no es calidad de vida lo que el hombre ha andado buscando. La autoreflexión sobre lo que somos como especie es sumamente necesaria ¡Es urgente! Pues a pesar de que una pequeña porción de la población trabaja para ello, la gran mayoría se encuentra pensando más en la tecnología móvil, o algún otro elemento distractor que, cada día lo aísla más de ser verdaderamente terrestre.