A todos nos ha pasado que en un momento determinado del discurso hablado o escrito que desarrollamos, que nos hace falta la palabra justa que necesitamos, y no la conseguimos. Y no la hallamos, no porque nuestro reservorio de palabras sea restringido, sino porque la lengua concreta que usamos, no la contiene (y por consiguiente, no la ofrece). Si manejas una lengua adicional, probablemente adviertas que en efecto contiene la precisa palabra que necesitas; y si manejas, además, otra estructura lingüística, pero de características especiales, como la matemática u otra del mundo computacional, pues el hallazgo de conseguir el signo tan necesitado, “hablará” –por fortuna- a gritos.
Probablemente algo de esto vivieron en los años ’20 del pasado siglo, un par de estudiosos estadounidenses del lenguaje (Sapir y Whorf). Lo cierto es que desarrollaron una serie de experimentaciones vivas las cuales les condujeron a pensar dos cuestiones de un interés enorme y de vigencia en nuestros días. Primero, que en el tejido interno de cada lengua en particular, hace vida una visión correspondiente del mundo. Segundo, que estas visiones sobre la realidad que las lenguas imponen a sus usuarios, son importantemente diferentes.
Ocurre que uno de ellos (Whorf) se había ido a la lejana Meseta Central de los EE. UU. a vivir por un tiempo con unos indígenas que a la sazón estaban allí asentados guardando ellos en buena medida el lenguaje y otros aspectos fundamentales de su muy antigua cultura. Se trataba de los hopi. Entre mil cosas que este lingüista descubre de la lengua que los hopi usaban, figura la sorprendente ausencia del concepto de tiempo que nosotros (hablantes del español, inglés o cualquiera otra que posea base del latín) asumimos con “absoluta naturalidad”.
Recogía Whorf en sus apuntes que la lengua de los hopi no cuenta con palabras que den cuenta de lo que nosotros llamamos “tiempo”.
Sostenía Whorf con vehemencia, que todo esto no nos debía colocar en una posición de connotar a la lengua hopi, como inferior a la nuestra, sino que había que entender en justa medida que ellos, echando mano a recursos lingüísticos propios, transitaban por una visión de lo real, diferente. De toda la obra magistral de Sapir y Whorf, se puede inferir que tal visión de “relatividad lingüística” (como suele identificársele) se basa en un paradigma más de fondo y aún más relevante; a saber, que concebimos la realidad no tanto como la realidad es, sino como la lengua que usamos permite verla.
En esos mismos años ’20, pero al otro lado del mundo -la naciente Unión Soviética- otro lingüista hacía teoría a punta de categorías de análisis con elementos parecidos. Valentín Voloshinov era su nombre. Jamás se conocieron el equipo Sapir-Whorf y Voloshinov, sin embargo, produjeron unos conocimientos cuyas consideraciones críticas, resultan aun en nuestros días, de necesidad extrema.
Decía el lingüista ruso que la materia prima del psiquismo es el signo; sobre todo, la palabra. Además de la palabra, el gesto, el determinado olor, el determinado sonido, etc. Con interesante prosa, Voloshinov solía decir que tanto la palabra como los otros signos, son como butacas en cuyo teatro se sientan las ideas. Que el psiquismo es precisamente ese teatro. Que las butacas del teatro son hospedajes de eso que llaman ideas, conocimientos…
Al principio de este artículo dijimos que todas estas interesantísimas reflexiones se dieron en los años ’20 y en dos naciones, USA y URSS. También dijimos que uno y otro trabajo, fueron cada uno por su lado.
Vale la pena resaltar que el criterio central en el cual la teoría de Sapir-Whorf y la teoría de Voloshinov coinciden, sostiene que la visión de la realidad propia del lenguaje, marca en el usuario, la visión de éste sobre aquélla. Es decir que, como ya lo hemos apuntado, la realidad se presenta ante nuestros ojos no tanto como ésa es, sino como el lenguaje que usamos permite verla. No hay duda que tanto uno como el otro trabajo, son muy interesantes. Somos de quienes no hallamos explicación de que éstos no se estudien y debatan en las universidades y otros medios pertinentes, con la pasión y el rigor que tal interés impone.
Casi nadie se ocupa públicamente de tan relevantes teorías. Hay misterios. Una honrosa excepción constituye la crítica que a "la teoría de la relatividad lingüística” (Sapir-Whorf) hace en los ’70 el agudo lingüista italiano Ferruccio Rossi-Landi. Sostiene que dado que la realidad ejerce en toda lengua una acción indeteniblemente expansiva, no puede existir entonces una estructura lingüística específica que sea capaz de ir en contravía a esta fuerza expansiva. La expansibilidad de toda lengua desactiva, así, la hipótesis de “la relatividad lingüística” de Sapir y Whorf…
Somos de quienes piensan que el trabajo de Voloshinov, así como ha venido siendo silenciado en varios contextos, guarda una vigencia y pulcritud gigantes. Dentro de esos silencios y misterios, están dos hechos; a saber, que en la URSS se ocultó el trabajo en referencia, por espacio de seis décadas; y que el mismísimo Voloshinov desapareció en los ’20, de manera harto extraña… Ah, se nos olvidaba incluir un tercer hecho. Que en nuestro actual occidente, la consideración a la obra de Voloshinov sigue estando en el claroscuro de la ignorancia.
REFERENCIAS SOBRE LOS TEXTOS E IMAGEN DE APOYO:
- ROSSI-LANDI, F. Ideologías de la Relatividad Lingüística. Nueva Visión. B.A., 72
- VOLOSHINOV, V. El signo ideológico y la filosofía del lenguaje. Nueva Visión. Bs. As., '76.
- WHORF, B. Lenguaje, Pensamiento y Realidad. Barral. Barcelona, 71.
- MORENO, ALEXANDER Y RENÁN MORENO CHIRINOS. Hombre hablando sobre el mundo. Ícono. Barquisimeto, Venezuela.