En nuestra publicación anterior (El ambiente: clave para la educación), tratamos de describir precisamente lo que debería ser un ambiente y de cómo debíamos promover en ellos ciertas características coherentes con nuestros objetivos. Acordamos que el ambiente no es más que la mezcla de expectativas e intereses, el cual generará cierta alegría, dándonos el gusto de estar allí. Es así que, en los procesos educativos, hay que disponer un ambiente en el que dé gusto aprender.
En este sentido, surge entonces una inquietud común ante todas las ideas, ¿cómo llevar esto a la realidad? La respuesta puede parecer sencilla, pero eso depende de la creatividad del educador. La clave radica en el momento del primer encuentro, mejor conocida como “la primera impresión”. Varios autores y blogs educativos que he revisado, coinciden en esto.
Por lo que, un educador debe planificar muy bien la creación del ambiente para aquella primera impresión. Luego debe enfocarse en buscar el momento, adecuarse, crear expectativas e introducir el misterio. Buscar el interés de los que escuchan, marcará mucho la diferencia y será una referencia de cómo será el resto de la jornada, ya que fomentar una predisposición positiva para nuestra actividad sería algo ideal.
Es por eso que, todo proceso de enseñanza debe empezar por enamorar, buscar el querer y el gustar de aquellos quienes esperan aprender. Es importante, y quiero hacer énfasis en la primera impresión, buscar sorprender y saber qué es lo que quieren los que escuchan, para complacer y hacer agradable el proceso. Pero sin olvidar que, quienes buscamos poner un ambiente para los demás, debemos también preocuparnos por sentirnos cómodos para enseñar.
Cabe destacar que estas recomendaciones son esenciales no solo para el aspecto educativo, sino que también son útiles para la vida diaria. También es conveniente para el que quiere hacer un libro, escribir un blog, crear contenido en steemit, vender algún producto o sencillamente para quien quiera ser escuchado.