El juzgado es bastante grande, intimidante, todas aquellas personas, grandes cargos, todo parecía exageradamente grande ahí, me sudaban las manos y me temblaba, estaba realmente nerviosa, podía sentir las miradas de toda aquella habitación en mi nuca.
—Señora, por favor, pase al frente y siéntese. —Dijo la jueza con voz alta, pero con un tono lo bastante dulce, me dedico una mirada de fuerza y me levanté, miré a mi abogado y éste me dedico un asentimiento de cabeza, todo iba a estar bien. Pase al estrado y uno de los guardias se acercó a mí, llevaba la constitución en mis manos, y con una voz que realmente se notaba que ya había dicho aquellas palabras que me imaginé que diría prosiguió.
—Señora, por favor, pase al frente y siéntese. —Dijo la jueza con voz alta, pero con un tono lo bastante dulce, me dedico una mirada de fuerza y me levanté, miré a mi abogado y éste me dedico un asentimiento de cabeza, todo iba a estar bien. Pase al estrado y uno de los guardias se acercó a mí, llevaba la constitución en mis manos, y con una voz que realmente se notaba que ya había dicho aquellas palabras que me imaginé que diría prosiguió.

—¿Jura usted decir la verdad y solo la verdad delante de todo el juzgado?
Con un hilo de voz, respondí.
—Lo juro. —Y me senté. Ahora aquellas miradas no las sentía penetrando en mí nuca, ahora era en toda mi cara, no había una parte de ella que no sintiera los ojos de toda aquella sala mirándome, realmente no sabía a donde dirigir mi cara, mi mirada, tampoco podía mirar a las paredes que estaba delante de mí, ya que ahí se encontraban algunas cámaras que estaban grabando cada detalle de lo que ahí ocurría.
Con un hilo de voz, respondí.
—Lo juro. —Y me senté. Ahora aquellas miradas no las sentía penetrando en mí nuca, ahora era en toda mi cara, no había una parte de ella que no sintiera los ojos de toda aquella sala mirándome, realmente no sabía a donde dirigir mi cara, mi mirada, tampoco podía mirar a las paredes que estaba delante de mí, ya que ahí se encontraban algunas cámaras que estaban grabando cada detalle de lo que ahí ocurría.
—Puede empezar. —Y me hizo señas para que empezará a contar todo lo que había ocurrido. Tomé un largo respiro, aunque ya había contado lo sucedido, no quitaba el hecho de que me hacía sentir mal, de que me generaba un gran malestar. Me encontraba nerviosa, me sudaban las manos, pero tenía que hacerlo.

—Trabajaba para este señor, era su secretaria, por ende, me tocaba a mi realizar todas aquellas labores de archivar documentos, crearlos, redactarlos, realizar llamadas, reunirme con agentes y socios, en fin, todo el papeleo que la otra persona no llega a hacer ya que, según, no es el trabajo que le corresponde, muchas de estas veces me tocaba quedarme hasta muy tarde trabajando –suspiré- lo cual no debía, ya que esas horas extras tampoco se me eran pagadas. Pocas veces él se llegó a quedar, a decir verdad, las pocas veces era que las reuniones duraban más de lo estipulado, en estas reuniones de altas horas de la noche siempre había bebidas alcohólicas de por medio, no había pasado nada relevante hasta esa noche.
—¿Puede contarnos qué ocurrió esa noche o necesita una pausa? —Preguntó la jueza con amabilidad, pero aun mostrándose lo bastante severa como para mostrar bastante respeto hacia ella.
—No, muchas gracias, estoy segura de que quiero seguir...

