"La inocencia de un niño es lo que conflexiona a esas
pequeñas almas libres de culpa" -Anónimo.
No entiendo por qué esos hombres se paran frente a una pared por la tarde. Es invierno, mamá no me deja salir en invierno.
-¡August! ¿Dónde estás? -gritó mamá desde la cocina.
-¡En mi habitación!
Un hombre lloraba, seguramente tenía mucho frío. Cuatro hombres con uniforme se acercaron a ellos, quizás oyeron al hombre llorar.
-August... ¿Qué estás haciendo? -dijo mamá en la puerta de mi habitación.
-¡Sólo veo por mi ventana!
Mamá se acercó y vió conmigo, me abrazó fuerte, quizás le dio tristeza ver al hombre llorando frente a la pared. De pronto los hombres con uniforme sacaron algo de sus bolsillos y el hombre que había estado llorando ahora gritaba a todo pulmón.
-¡No! ¡Por favor...! ¡Mi hijo está mirando desde la ventana!
Mamá comenzó a llorar, sentí pena por el aquel hombre. Mi papá se había ido a la guerra hacía cinco años cuando yo era bebé y nunca lo volví a ver. Imaginé que papá no querría que lo viera llorar.
Los hombres de uniforme ahora señalaban a los de la pared con unos extraños objetos negros y largos. Mamá me tapó los ojos y me alejó de la ventana, entonces sonaron fuegos artificiales.