Un saludo cordial a todos los miembros de la prestigiosa comunidad HIVE.
La naturaleza es maravillosa e implacable.
Los principios de la selección natural y la supervivencia del más apto, se cumplen a cabalidad.
Los insectos no escapan a esta dura realidad.
Como artrópodos de seis patas, muchos saltan, otros se revisten de fuertes corazas, y algunos toman coloraciones indicadoras de peligro o camuflaje.
Los más osados, vuelan o tienen mecanismos fotoreceptores de excelencia, que les advierten cuando deben moverse para no ser comidos.
Por diminutos y ágiles que sean, siempre habrá un depredador interesado en convertirlos en su almuerzo.
No olvidemos que en la naturaleza, la energía debe fluir a través de los diferentes eslabones de las cadenas alimenticias.
Solo hay que poner un poco de atención, allí donde revolotee o se arrastre un insecto, para comprender que mecanismo usa para que no lo devoren.
Veamos algunos casos, muy llamativos:
Los abejorros (Himenópteros, del género Bombinae), tienen la capacidad de volar, además de poseer una peligrosa apitoxina, que inoculan a sus enemigos, como mecanismo de defensa, para evitar la depredación.
La cervata (Mantis religiosa), es un peligroso depredador, con una vista excelente y movimientos rápidos.
Se mueve tan rápido, que puede atontar al abejorro para que no vuele y poder depredarlo.
El abejorro no logra inyectar su veneno a la mantis y es neutralizado.
La mantis puede depredar a cualquier tipo de insecto.
Esto suena muy cruel, pero así es la vida en la naturaleza.
Otro caso digno de estudiar, es el de las mariposas, tanto diurna como las nocturnas.
En el caso de las mariposas diurnas (lepidópteros), que son muy frágiles, usan como mecanismo de defensa su vuelo errático, además de crear figuras similares a falsos ojos (aposematismo), en los extremos de sus alas, para evitar que los depredadores las ataquen en partes vitales de su cuerpo.
También usan el camuflage, visitando flores que se parecen al color o forma de su cuerpo (cripsis), confundiéndose en su entorno.
Las polillas o mariposas nocturnas (lepidópteros), evitan salir durante el día para esquivar a los depredadores, como las aves y reptiles.
Los colores de sus cuerpos, generalmente se confunden con el entorno oscuro, dando uso a un excelente olfato, a través de las antenas sensitivas que poseen en la cabeza.
También tienen sensores del gusto en las patas.
Los miembros del orden ortópteros (familia Acrididae) tienen la capacidad de volar, que les sirve para trasladarse y para escapar de los depredadores.
El color de su cuerpo está adaptado para confundirse con el entorno y los vegetales que frecuentan, con fines de alimentación.
En el caso de que lo sorprenda un depredador mientras se alimenta, tiene la opción de usar sus largas patas traseras para saltar y de inmediato, emprender el vuelo o caminar, dando grandes zancadas, haciendo honor a su nombre, de saltamontes.
Otra manera de defenderse, presente en algunos insectos como los escarabajos (coleópteros), es forrar su cuerpo con una resistente armadura quitinosa que, al mirar más de cerca, resulta ser una modificación del primer par de alas del insecto, conocidas como élitros.
Estas alas endurecidas, protegen el cuerpo del animal, especialmente las alas membranosas, útiles para el vuelo.
La cabeza de los escarabajos también presenta unas protecciones especiales, similares a placas articuladas, de cutículas endurecidas, con cuernos o protuberancias, útiles para el combate.
Todas estas protecciones, dificultan el vuelo a los coleópteros, aunque muchas especies, aún pueden volar trayectos cortos.
Realmente, son muchísimas las adaptaciones que presentan los insectos. para defenderse de los depredadores, lo que les ha permitido perpetuarse en el tiempo.
Los invito a observar en la naturaleza, estos y muchos otros casos, que con toda seguridad los van a sorprender, por lo grandioso que es la vida de los insectos.
Ali Riera
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