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La aparición de las plantas terrestres sobre el planeta tierra representa uno de los hechos más importantes para el posterior desarrollo de la vida, como la conocemos hoy.
Al principio, la atmósfera primitiva favoreció la formación de materia orgánica en los charcos de agua, que se habían formado con las primeras precipitaciones.
Ese caldo primitivo fue la base para que aparecieran las primeras cianobacterias y, posteriormente las algas verdeazuladas.
Laguna rica en algas verdes y ninfeas, creciendo silvestres.
La rueda de la evolución se había puesto en marcha, indetenible y capaz de crear vida, destruyendo todo aquello que no se adaptara a su paso.
Plantas de menta silvestre (Mentha Rotundifolia), en una quebrada de Barquisimeto.
La aparición de los plastidios, especialmente los cloroplastos, como parte de los tejidos vegetales fue fundamental.
El color verde de los vegetales lo determina la presencia de moléculas de clorofila, apiladas dentro de los cloroplastos.
Ya comenzaba a notarse la diferenciación entre los grupos de seres vivos presentes.
Unos eran capaces de transformar el agua y las sales minerales existentes en el entorno, en presencia de la energía radiante del sol, convirtiéndolas en materia orgánica asimilable al metabolismo celular, en forma de energía química, conocida como adenosintrifosfato (ATP).
Panta silvestre de escopetilla (Ruellia tuberosa), con hojas, flores y frutos comestibles.
Otros solo se aventuraban a depredar a sus vecinos o alimentarse como herbívoros, a expensas de las plantas silvestres.
Escarabajo cocuyo (artrópodo, insecto, coleóptero), herbívoro estricto.
Y ¿Qué le ofrecían las plantas silvestres al nuevo mundo en expansión?
Sobre todo, alimentos.
En los vegetales verdes, prácticamente, todo es comestible.
Planta silvestre, que invadió la maceta de otra planta, y ha prosperado, mostrando sus flores y frutos.
Los hervíboros más atrevidos consumían las partes más tiernas y deliciosas, obligando a otros, menos arriesgados, a especializarse en comer aquellas partes que sobraban del banquete de los ganadores.
Verdolaga silvestre (Portulaca oleracea), que prosperó en una pipa llena de arena.
Las hojas y flores de esta planta son comestibles.
Muchos comían a plena luz del día, sobre el vegetal mismo.
Coleóptero, posado sobre una planta de geranio.
Muchos comían bajo tierra, en cavernas o túneles, que antes debían excavar, o debían esperar la oscuridad para estar más protegidos.
Iguana bebé (Iguana iguana), sobre un cactus lefaria, en horas nocturnas.
Así fueron apareciendo especialistas, que viven en galerías, bajo tierra, lo que implico que desarrollaran su olfato y habilidad para excavar, a costas de perder su visión.
Muchos desarrollaron el tapetum lucidum, para mejorar su visión nocturna.
Otros individuos se adaptaron a vivir en el agua, alimentándose de algas, o de otros seres vivos.
Las cadenas alimenticias se desarrollaron a plenitud, gracias a la presencia de las plantas terrestres.
Chinche ((Nezara viridula), alimentándose en una planta de lechuga, Imagen tomada con una cámara Cannon power shot sx50hs, por mi sobrino: Ingeniero José Daniel Castellano.
Además de la capacidad para realizar fotosíntesis, los vegetales verdes evolucionaron para perfeccionar su sistema reproductor, que es la flor.
Dada su condición de individuos sin movimientos, crearon esporas que se dispersan con facilidad en el medio acuático o húmedo.
Helecho cacho de venado (Platycerium bifurcatum), mostrando los soros, con esporas en sus frondes.
Otros, más evolucionados, crearon flores completas, capaces de auto fecundarse.
Buenas tardes (Mirabilis jalapa), planta silvestre, mostrando sus flores.
Algunas plantas silvestres crearon flores hermafroditas, unisexuadas e inflorescencias, que dependen de factores externos para lograr la fecundación de los gametos sexuales y evitar la endogamia.
Entre esos factores externos destacan, el agua, el viento, y los polinizadores.
En este punto, los protagonistas pasaron a ser las flores y las inflorescencias, que, con su perianto comestible, sus nectarios y granos de polen, enamoran a los polinizadores, sacrificando partes de su estructura, para favorecer la perpetuación de la especie.
Variedades de menta silvestre.
Flor y fruto de "coco e' mono"((Couroupita guianensis), fotografiado en una finca de Santa Rosa de Barinas, Venezuela.
Imagen tomada con una cámara Cannon power shot sx50hs, por mi sobrino Ingeniero José Daniel Castellano.
Suena todo muy sencillo, pero estos procesos evolutivos han requerido más de mil millones de años y aún están es proceso.
Pero los vegetales terrestres no solo ofrecieron alimento.
Su papel ecológico sobre la tierra va mucho más allá:
Entre los subproductos de los procesos fotoquímicos de la fotosíntesis está el oxígeno, que vino a cambiar la atmósfera reductora, rica en hidrógeno y metano, en una atmósfera oxidante, con un 20% de oxígeno, un 78% de nitrógeno y el resto repartido entre el vapor de agua, hidrógeno, ozono y trazas de otros gases.
Los vegetales verdes son fundamentales, para mantener la atmósfera límpida y segura para los seres vivos, en general.
Esto hace que la atmósfera, pase a ser el protector fundamental de la vida en la tierra, a través de la capa de ozono, y de sus capas ionizantes, que desvían los cuerpos extraños que tratan de ingresar al planeta.
Nuestra atmósfera también rechaza los dañinos rayos ultravioleta, componentes de la radiación solar.
Durante el proceso de fotosíntesis se consumen grandes cantidades de dióxido de carbono (CO2), que es un gas de efecto invernadero, logrando mantener estable la temperatura del planeta.
La fotosíntesis es un proceso exclusivo de los vegetales verdes, poseedores de clorofila.
No solo son las emanaciones de CO2 de los carros y fábricas, también es necesario incorporar los eructos, flatulencias, y expulsión de CO2 durante la respiración mecánica de todos los seres vivos, que vienen a engrosar los contaminantes de la atmósfera.
Imagen tomada con una cámara Cannon power shot sx50hs, por mi sobrino Ingeniero José Daniel Castellano.
Y son los vegetales, los principales filtros de muchas de esas impurezas.
Otro papel fundamental de las plantas silvestres en el planeta Tierra, es que se han convertido en el hábitat fundamental de muchos animales y otras plantas (briofitas, teridofitas y epífitas), garantizando una interacción constante y positiva para el desarrollo de la vida en el planeta.
Se puede afirmar, con toda certeza, que la presencia de las plantas silvestres ha sido la clave para el desarrollo de la vida sobre el planeta Tierra.
De la conservación de las plantas depende la vida de todos los otros seres vivos.
Diente de león (Taraxacum officinale), creciendo silvestre en un campo de Sanare, en Venezuela.
Sin vegetales no hay alimentos disponibles, ni vida en la Tierra.
Ali Riera.
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