Caminando a casa, era de atardecer con un frió intenso llegando al anochecer. Había en el medio de la plaza un grupo cantándole a la cruz de mayo, iba yo pasando y ¡casi caigo en desmayo! estaba feliz de estar allí, tenía tiempo sin sentirme así...
¡El cantante principal empezó a cantar! empezó a llamar: "Vengase para acá, los de por allá y póngase en la luz para que los pueda ver más!" diciendo una vez más: "¡Los del frente de allá, no se queden por allá, acérquense a bailar!" aglomerándose la gente, empezó a cantar y valgame dios de ese compás porque se te metía en el interior y te hacia querer bailar. Bailé sin temor, porque la noche me acompañó; nadie me conocía ¡podía ser yo misma! bailamos entre risas y sintiendo la brisa, algunos bailan bien otros no tan bien; otros solo se metían para bailar con su mona lisa. Algunos solo observaban viendo cómo otros lo hacían, pero amigo... nada se compara con aquellas sonrisas; iban al compás del alma, al compás de ¡ese tambor! Una felicidad que muy efímera que duró, pero como me llegó. Poder ver sin temor que a veces las cosas simples pueden curar tu dolor...
Bailé sin parar esos minutos, compartí con extraños la alegría de moverse al compás del sonar, bailando sin restricción
y sin ningún temor, porque ninguno me conocía. El arte es mi pasión y con ella rompo la restricción.