
Por ello, la valía de este post recae en lo contrario: en que es una opinión personalísima de un hombre de clase media nacido en uno de los semilleros más importantes del machismo contemporáneo.
Intentaré contestar en una serie de posts a algunas preguntas que he tenido en la cabeza desde hace algunos años relacionados con estos temas; y ésta es la primera parte de esa entrega. No sé cuándo publicaré las siguientes, así que no molesten, éste es mi blog.
Aún así, l@s invito a que en la sección de comentarios hagan lo propio: si creen que hay más que decir para alguna de las preguntas, adelante, l@s leo. Si les cagué, les resulté castroso, y neta creen que debería de callarme mis sentires, pues también, lléguenle! Que mejor que tener buenos debates entre gente civilizada :)
Existe una identidad femenina y, de ser así, hasta qué punto justifica la dinámica actual entre hombre y mujer?
Una confesión: creo en el amor verdadero entre hombre y mujer.
(Nota aclaratoria: a lo largo de esta serie de posts solo me referiré a dinámica y relación hombre-mujer. Podría extenderlo a parejas intersexuales, pero también tengo mucho que opinar y decir sobre esos temas, y prefiero dejarlos picados para que me lean en otro post. No discrimino para nada. Uno de mis mejores amigos es transgénero).
Soy un romántico empedernido: me gustan las cosas cursis, melosas, y secretamente veo chick-flicks. Siempre he querido casarme, tener hijos y una familia estable hasta que envejezca, con mi pareja, y vivamos el resto de nuestros días juntos, para recordar y ver el largo camino que recorrimos.
Y hace algunos años me enamoré de una mujer feminista...
Para llegar al “y vivieron felices para siempre”, siempre he teorizado que se requiere de una admiración y comprensión mutua. No hablo únicamente de complementariedad, ni de cosas como que “polos opuestos se atraigan”; una fórmula más sencilla: que quieras estar con tu pareja porque la juzgas por lo sobresaliente y extraordinario que ésta representa y, asimismo, comprendas sus fallas y defectos.
Yo la admiraba: con ella podía tener largas, larguísimas charlas sobre arte, música, libros, México, y hasta de matemáticas (básicamente mis intereses en la vida); y qué decir de su excelente sentido del humor. Ella, ante mis ojos, era la persona más inteligente y bondadosa que jamás hubiera conocido. Yo, ante los suyos, era un simple sujeto representativo de los estereotipos heteronormativos: yo era un perpetuador del machismo, y de la estructura actual patriarcal.
Allí me calló el veinte: mis afinidades y preferencias (que ya les compartí), para ella, eran derivadas de esa máquina del mal:
Imagínense por un segundo, hombres lectores, que la mayor parte de los personajes de nuestro género que hubiera en la industria cultural fueran tipo el vampiro de Crepúsculo y, peor aún, que nos pareciera natural identificarnos con él, y buscar ser como éste. Las mujeres suelen ser presentadas así en Hollywood, construidas desde la mirada masculina para seducir, agradar y enloquecer. En cambio, la mayoría de los hombres que protagonizan películas, series o lo que sea, no tienen esa función.
Por supuesto también deambulan los estereotipos masculinos: el hombre fuerte y gallardo, pensativo, racional y templado. O dando un paso hacia adelante: el hombre machín (usando la jerga mexicana), el que nunca llora.
Entonces, qué significa ser hombre o mujer en estos tiempos?
Quiero citarles un post que me gustó mucho:
“Desde un punto de vista arquetípico-simbólico, la información que anida en el subconsciente es que lo masculino es la fuerza creadora y lo femenino es la fuerza desarrolladora de lo que crea lo masculino.”
Sí existe una diferencia entre géneros anidada en el psique colectivo de los seres humanos—en eso estoy de acuerdo—y, esta diferencia, a su vez, ha marcado la pauta de la dinámica cultural hombre-mujer. Pero aquí queda la pregunta al aire, sobre qué tanto puede la propia cultura interferir en esa dinámica. Oh, sí! estamos frente a esas

Desde mi punto de vista, sí creo que hay cosas inherentes a la mujer, y al hombre, pero no creo que éstas deban predefinir la relaciones entre ambas partes. Al final del día, estas son acepciones culturales, que son reconocidas o no por cada individuo, siempre que no rompan con la libertad del prójimo; mientras más rápido en nuestra vida entendamos lo anterior, mejor.
Cada quién puede hacer lo que deseé con su vida, siempre que no le estorbemos al resto. Claro, es más fácil decirlo que practicarlo. Si el día de mañana quisiera presentarme a trabajar con falda y maquillaje, o incluso desnudo, estoy seguro perdería la buena opinión que tienen mis jefes sobre mí. Así que ahí está el reto: la sociedad va avanzando poco a poco, y se va volviendo más abierta.
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