Laguna de Mucubaji.
Yo había ido a Mérida con mi familia cuando tenía dieciséis años a algo así, y aun cuando era una adolescente todo aquello me pareció tan hermoso. Me empeñe en llevar a mi hijo pues quiero sembrar en él, pasión por viajar, por ver cosas nuevas, que aprenda a ver la belleza de lo simple y lo genuino, que lo valore y conserve en su corazón y su memoria.
Pico el Águila, punto vial más alto de Venezuela.
Viendo la oportunidad me fui en semana santa, llegue al terminal de la bandera muy temprano y compre los pasajes que salían a las dos de la tarde, el viaje fue horrible, hace mucho que no agarraba carretera y fue ya entrada la noche que me entere que era un suicidio pasar por esas vías a oscuras.
Como a la una de la mañana después de haber ya rodado unas diez horas, paramos en un puesto de la guardia, porque no me pregunten cómo, con el autobús andando, abrieron la puerta donde van las maletas y comenzaron a robarlas, por suerte la mía no lograron sacarla.
Por fin llegue a ejido y me decidí a disfrutar el viaje y no entrar en pánico temprano por el regreso, que vale decir ya con la precaución de viajar de día, fue muy placentero y tranquilo.
Páramo merideño.
A pesar de la locura que se vive en Venezuela, Mérida esta preciosa, los restaurantes y zonas turísticas funcionan perfectamente, claros todos tienen planta eléctrica y se puede pagar en dólares o pesos colombianos, mis emociones se multiplicaban pues en mi pecho estaban las mías sumadas las de mi hijo, reflejadas en su mirada de asombro y maravilla por todo lo que lo rodeaba. Aun nos quedaron lugares sin visitar por lo que espero volver.
Me niego a que el miedo me paralice y me impida vivir todo aquello que anhelo.
Estación Pico Espejo, Teleférico de Mérida El Más Alto del Mundo.
Monumento a la Loca Luz Caraballo.
Refugio del Cóndor, parque nacional cierra de la culata.
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Todas las fotos fueron tomada con mi celular Yezz A5.
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