Son muchas las emociones y los sentimientos presente en todos los venezolanos que por diferentes razones aún estamos en Venezuela, viviendo una migración psicológica, que creo yo es peor que la migración real, pues al vivir en una migración pasiva, no vemos un cambio real, una esperanza justificada o algo distinto, solo estamos llenos de: ¿cómo será? ¿Como hubiera sido? ¿Cómo puede ser?, y es un espiral emocional adsorbente y dañino.
Uno de esos sentimientos es el ABANDONO, pues cada vez que vemos o escuchamos que alguien de nuestro entorno, con valentía o estupidez según sea el caso, sale del pensamiento y se enfrenta a lo real, sentimos un vacío, y no porque esta persona sea de nuestro circulo afectivo, si no porque llega aplastantemente la sensación de que cada vez estamos más solos, cada vez somos menos, y entonces aparecen las preguntas, ¿porque se van? ¿Sera que de verdad no hay esperanza y yo me auto engaño día con día? Comenzamos inevitablemente a cuestionar nuestra posición actual, a darle desmerito a nuestro esfuerzo por continuar en la dinámica social más dañina posible. Sentir que luchas solo, que luchas sin causa, sentirte cobarde por no salir de tu mente y hacerlo real, es parte de lo que arrastra.
Tan rápido como exige la locura llamada crisis, nuestro sentimiento, cuestionamiento y autocompasión pasa rápidamente al subconsciente, pues la búsqueda de efectivo, no conseguir transporte público, pensar cómo invertir inteligentemente los dos churupos para comprar comida, ver si por fin consigues gas domestico y rogarle a dios que llegue el agua y no se valla la luz, no te deja mucho tiempo para fantasear y sumergirte en tu emoción.
Así que sale la frase popular de estos días (se la he escuchado a más de uno) "...Para Pasar Trabajo En Otro País Me Quedo Aquí, Total Aquí No Estorbo. Y entonces Pa Lante..."
Así que sale la frase popular de estos días (se la he escuchado a más de uno) "...Para Pasar Trabajo En Otro País Me Quedo Aquí, Total Aquí No Estorbo. Y entonces Pa Lante..."