En este río aprendí a nadar a los cinco años. Quedaba en el patio de mi casa. No era muy bonito, pero tenía temporadas de extraordinaria belleza.
Mis hijos también aprendieron a nadar aquí. En la foto se ve, junto con otros niños, a mi hijo Samuel en franela amarilla. A esa edad yo me veía como él.
El río va socavando las raíces de los árboles y éstos se inclinan sobre él. Los niños pronto descubren la delicia de trepar en ellos para luego darse un buen chapuzón.
...pero tenía temporadas de extraordinaria belleza...
Créditos del texto e imágenes: Amaponian Visitor ()