Hemos tenido problemas para cobrar la pensión de la abuela. Ella no puede caminar, siempre está en cama. Mientras aún caminaba, y antes de que tuviéramos en Venezuela todo este problema con el efectivo, tratábamos de evitarle las penurias y el estrés por el que pasan los pensionados en el banco.
Antes retirábamos el dinero por el telecajero. Me cuesta creerlo, pero yo lograba retirar así la totalidad del pago de la pensión en tres días de colas. Recuerdo que yo completaba el dinero y se lo llevaba hasta su casa, me acostaba en su cama, y le decía al oído:
Tengo el maletín full de billete...
Esas historias quedaron atrás. Ya a principios de este año, se le compraban las cosas pasando la tarjeta en puntos de venta que no exigían presencia del titular. Luego la tarjeta se venció y tuvimos varios meses sin cobrarle la pensión.
Con todo el dolor del alma, la llevamos en silla de ruedas al banco. Nos atendió una muchacha quien nos informó que la cédula de la abuela estaba vencida desde hacía tres años y que así no se le podía cambiar la tarjeta. Realmente ninguno de nosotros se había percatado de eso. La chica nos explicó que por el tiempo que tenía sin cobrar la pensión pudiera ya haberla perdido y, si fuera el caso, sólo podríamos solucionar eso llevándola a Caracas. No obtuvimos mayor ayuda de ella, sólo un escenario cruel. Hasta un regaño nos echó por no estar pendientes de las cosas de la abuela...
Eso último sucedió la semana pasada. Ese mismo día, la llevamos a sacarle la cédula. La pasaron de inmediato. Rápido se completó esa gestión. Pero la fecha de entrega de la cédula es muy incierta. Más de un mes, dijeron. Algún conocido nos dijo que mejor esperemos sentados.
Le dije a mi esposa:
Detrás de todo eso se mueven personas, y las personas no son iguales. Si yo fuera el cajero que le toca pagarle a la señora, yo no le niego el pago aunque me caiga todo el peso de la ley. Vamos a llevarla a otra oficina y pasamos primero por la taquilla. Si logramos que nos paguen una vez, vamos a tener más tiempo para esperar por la cédula.
Hoy fuimos a otra oficina. Puse la silla de ruedas delante de la taquilla. El cajero le dijo a mi esposa:
Mira..., Esto así con la cédula vencida te lo van a rechazar los cajeros, pero yo le voy a pagar a la señora...
Ahí está: Un alma compasiva. Uno que se salva de pecar por omisión.
En esa oficina me extrañó que, para llegar al área de taquilla, hay que subir unos tres escalones, y no hay rampa para silla de ruedas. Tuve que pedir ayuda dos veces para levantar la silla.
Antes de salir, decidimos pasar por el área de aperturas y pedir la tarjeta. Si había una racha de buena suerte, era mejor aprovecharla. ¡Nos dieron la tarjeta! sólo con un pequeño llamado de atención sobre la cédula vencida.
"La Abuela" es mi suegra, la mamá de mi esposa. De cariño le digo "abuela" porque tiene 84 años.
Bueno es ser correcto, pero antes de ser correcto hay que ser humano.
Créditos del texto: Amaponian Visitor ()
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