No había mucho que mirar pero, pude notar que había un dibujo muy definido en un muro. Tenía la forma de un hombrecillo, de esos que recortamos en un papel doblado varias veces para que salieran todos iguales. Me pareció curioso pero nada fuera de lo normal. Me retire y volví camino a mi casa sin olvidar lo que había visto.
Pregunte a mi abuela si sabía algo de esa casa en ruinas. ¿Por qué no la habían sacado o renovado para que alguien viviera allí?
Ella inclinó los lentes de su rostro y me contó...
_Hace mucho pero mucho tiempo una familia vivía allí, cuentan los antiguos pobladores de la zona que la familia tenía un hijo de unos siete años y este asistía a médicos para conseguir que le dieran una cura porque el niño nunca podía dormir. Los vecinos decían que lo escuchaban gritando aterrorizado por las noches.
El niño aseguraba que un supuesto hombre de papel sin rostro se acercaba a su cama y con un movimiento de su mano lo llamaba.
Como siempre esa historia no era muy creíble por los adultos así que los padres decidieron acostarlo junto a ellos en su cama. Pero aun así nada cambiaba.
Al aparecer el hombre, el niño llamaba a sus padres para que lo vieran y este desaparecía. El niño triste y sintiéndose incomprendido dibujó en el muro de su cuarto la forma del hombrecillo que lo llamaba cada noche.
Un día los vecinos se enteraron que aquel niño había desaparecido de la casa. Los padres desesperados lo buscaron sin descanso pero nunca lo hallaron.
Dicen las malas lenguas que el hombre de papel se lo había logrado llevar y que tal vez el dibujo del muro era un túnel del tiempo por donde lo raptó.
Desde aquel día nadie quiso saber de esa casa, nadie quiso ocuparla nuevamente por temor del hombre de papel.
Con esta historia quede algo atemorizada, por eso y desde entonces nunca me acerco a aquellas ruinas, cierto o no, no correría el riesgo de encontrarme al hombre de papel.