que expiden las aguas emancipadas,
en portales que colapsan
para forjar los cimientos de un futuro.
Días de guerra impía,
sin treguas.
Sin intermediarios,
llegar a la cúspide.
Solo morir, plenos, era la idea.
Exhaustos,
con los muslos apretados,
labios desgarrados,
tez tensa,
que enfría ante el deceso fraudulento
por el duelo de las bestias liberadas.
Supresión de cicatrices del ayer.
Bajo tus ojos
subyacía insaciable deseo,
como cuervos
hambrientos de piel.
Morir, cuerpo a cuerpo.
Vivir la gloria.
De tus manos perversas
ser huésped predilecto,
a quien devora tu boca
con caricias incisivas
fulminando los sentidos.
Éxtasis efimero,
al apoderarme de los latidos
mientras me hago nada,
y todo a la vez.